La burbuja es una voz onomatopéyica nos dice el diccionario. Es un glóbulo de aire u otro gas que se forma en el interior de algún líquido y sale a la superficie. Puede ser, asimismo, un habitáculo hermético y aislado del exterior, pudiendo decirse en sentido figurado algo como “Los poderosos viven en una burbuja de impunidad”. También puede utilizarse para indicar que la persona o personas designadas por el sustantivo al que se pospone están sometidas a terapia con aislamiento absoluto, de ahí vienen los “niños burbuja”.
La comunicación, por otro lado, es entendida como la acción y efecto de comunicar o comunicarse. Es la transmisión de señales mediante un código común al emisor y al receptor. ¿Qué es comunicar? Pues comunicar es hacer a otro partícipe de lo que uno tiene. Y si decido transmitir mi código por medio de besos, abrazos o miradas, ¿acaso ese código común clasifica como comunicación? Eso lo dejaremos para otro día.
Sigue el diccionario diciendo sobre el comunicar: Descubrir, manifestar o hacer saber a alguien algo. Conversar, tratar con alguien de palabra o por escrito. Transmitir señales mediante un código común al emisor y al receptor, etc.
¿Qué tienen que ver las burbujas y la comunicación? La última vez que escribí, mencioné muy brevemente a un tal don Enrique. Eso es lo que tienen las burbujas y la comunicación en común. Don Enrique es un señor mexicano que vive en Costa Rica desde hace algunos años. He hablado poco con él (lastimosamente menos de lo que quisiera) y es muy ameno. Don Enrique superó ya el umbral de los sesenta años, y por esas cosas de la vida, trabajamos juntos. No sólo ha leído mucho, ha viajado mucho también, por lo que su visión de mundo es muy particular y muy diferente al de muchas personas. Tengo poco de conocerlo, sin embargo lo considero un gran amigo. Un amigo que me ha enseñado en que parte de la Biblia se encuentra la referencia de una de mis citas favoritas de Borges, un amigo con el que he compartido a mí “Hilandera” y entiende lo que siento por ella. Un amigo que como cualquier otro de mis buenos amigos sabe que me encanta Victoria de Samotracia o bien la Venus de Milo. Un amigo que me regaló a un Benedetti al que escucho camino al trabajo y que sabe lo mucho que disfruté el Día de Libro.
Conversar con él es una experiencia muy particular. Me sorprende cada vez que cruzamos palabras, pues no solo es muy “articulado”, es muy certero también… cosas que se aprenden solamente en la escuela de la vida.
El viernes pasado tuve la dicha de compartir con él camino al trabajo. Comenzamos a hablar de temas varios y me preguntó que había despertado en mí el escribir un blog. Pues bien, resumidamente le conté que mi amigo Gabriel me había comentado lo terapéutico que resulta sentarse y escribir, por lo que, ni lerdo ni perezoso, decidí intentarlo; descubriendo así que Gabo estaba en lo correcto. Sí es una muy buena terapia, es una especie de catarsis personal llevada a cabo cuando uno a bien lo tenga.
Me desvío un poco y hablo de la catarsis. La catarsis, nos dice el diccionario, era entre los antiguos griegos, una purificación ritual de personas o cosas afectadas de alguna impureza; puede ser, a su vez, una purificación, una liberación o transformación interior suscitados por una experiencia vital profunda o bien, una eliminación de recuerdos que perturban la conciencia o el equilibrio nervioso. Eso, amigos, se siente cada vez que se escribe, o bien, eso siento yo. Por un momento hago un paréntesis y no veo lo que me rodea, no pienso en ninguna otra cosa que en escribir, no me preocupo si a los demás (ustedes) les gustará lo que escribo, no me importa lo que potencialmente puedan pensar los demás… solamente escribo. Solamente me dejo llevar por lo que creo que debo de contarles. Eso es una excelente terapia. Por eso no creo en los psicólogos (pero sí en la psicología)… alguien que necesita que otra persona lo escuche y le tiene que pagar por hora es, sin duda alguna, alguien que carece de amigos, de buenos amigos. Pero bueno, me estoy desviando un poco de lo que originalmente les quería contar.
Luego de contarle como había iniciado con estas sesiones de “lectura ligera”, tal y como me gusta decirle a las cosas que escribo; no pude más que preguntarle: “Y usted don Enrique… ¿nunca ha escrito?”. Sonrió y me dijo que no, bueno se corrige, si he escrito algo, pero solo cuando la comunicación entre mi esposa y yo no ha sido la mejor, entonces escribo, escribo lo que siento en ese momento… ¿Y ella sabe que usted escribe de esas cosas?... No siempre, algunas veces se lo he mostrado, cuando lo amerita; otras no, otras lo he guardado en una gaveta por unos tres meses y luego lo tiro a la basura, ya ha cumplido su propósito, necesitaba escribirlo solamente para eso.
Sabio este don Enrique. No conozco a su esposa, pero cada vez que la menciona le brillan los ojos. Le cambia la cara. Se le transforma el tono de voz. Me cuenta a veces como la llega a ayudar después del trabajo, como la conoció, como pasaron un fin de semana en la montaña “solamente con la música de los pajaritos”, etc.
Continúa don Enrique… Rubén, la falta de comunicación es como una burbuja, si uno se guarda las cosas la burbuja solamente crece, se hace grande y la gente se distancia, yo siempre he creído que hablar es muy importante, que es necesario. Esa burbuja que se forma se tiene que reventar, y ¿sabe usted como se revienta la burbuja? – Dígame don Enrique – Se revienta con una aguja de humildad… hay que ser humilde y hablar, decir lo que uno piensa, lo que siente…
Yo, el chico de la burbuja, el que se guardaba todo y explotó hace años, el que decidió abandonar las burbujas para siempre, porque las burbujas aíslan y eso no siempre es bueno (nótese el que NO siempre es bueno, la soledad tampoco es mala, a veces es necesaria) no sabía que decir. Mi vida reducida a burbuja. Algunos de mis ideales reducidos a burbuja. El tema alrededor del cual gira mi próximo trabajo final de graduación reducido a burbuja. ¡Una burbuja! Continúo mi día y sigo pensando en esa burbuja, me desespera el no poder aislarme y escribir, el no poder contarle a los demás lo que lúcidamente don Enrique me dice, la comunicación, la burbuja y la humildad. Una vez más me siento una persona afortunada. El poder escuchar a personas inteligentes, a personas que comparten con los más jóvenes sus experiencias vividas, a los que en un acto de desprendimiento total le regalan a uno lecciones de vida… lecciones en un autobús, lecciones camino al trabajo, lecciones que vienen y van y que le ayudan a uno en ese ir y venir.
Y hablo ahora rápidamente de la humildad… la humildad de acuerdo a la Real Academia Española es una virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y obrar de acuerdo con este conocimiento. Esto de la humildad es un poco delicado. Cual aguja que revienta burbujas, la humildad de reconocer la necesidad de comunicarse puede llevar a veces a humillar. Tan solo unas cuantas líneas más debajo de la palabra “humildad” se encuentra la palabra “humillar”. El humillar consiste en abatir el orgullo y altivez de alguien, en herir el amor propio o la dignidad de alguien. ¿Cómo tratando de ser humilde se puede llegar a la humillación? Pues es muy sencillo, en esto de la comunicación, cuando yo creo estar diciendo algo, es muy probable que la otra persona crea que estoy diciendo algo diferente. Los seres humanos, a diferencia de las máquinas, no tenemos protocolos de comunicación estandarizados donde todo lo que digamos signifique siempre aquello que queramos que signifique. Dependiendo del estado de ánimo, de la situación, de la persona, de la edad, del sexo, de la ubicación geográfica, nuestras agujas puede que no sean siempre efectivas.
¿Por qué seleccionar una palabra tan “grave” como la humillación? Simple, la humillación puede ser tanto nuestra como para quien nos escucha. Muchas veces las cosas “suenan” muy diferente cuando las decimos en voz alta que cuando las pensamos en nuestro fuero interno. Es de cuidado esto del comunicarse. Es tan delicado que puede llevar a estallar burbujas que mejor no hubiéramos estallado. A veces el reguero es más grande después de la explosión.
Como verán, en este día en particular he tendido a brincar de una idea otra. Es muy complejo el tratar de explicar por escrito lo que pienso, pues me falta mucho la ayuda visual y los gestos que usualmente hubieran acompañado lo que de momento les he dicho.
Continúo.
Ya cerrando mi día, dichosamente tengo la oportunidad de asistir nuevamente como oyente a escuchar al Maestro Roberto Villalobos. Por esas cosas de la casualidad también aborda el tema de la comunicación. Después de clases conversamos un poco y seguimos con el tema. La comunicación. Esta vez no hay burbujas, esta vez no comparto con él lo que me dice don Enrique horas antes. Hoy solamente aguardo y espero que en algún momento me lea y se dé cuenta como sí es posible que un hombre le enseñe a otro hombre y se llame a sí mismo Maestro. Dos Maestros de vida, don Enrique y don Roberto.
Sigo pensando en la burbuja, pienso en las burbujas de jabón, en las que de niño me compraban en Plaza Víquez, en las burbujas que hacía cuando iniciaba a nadar, en las burbujas de Cacique que en algún momento consideré lo apropiado para llevar a cabo una catarsis, en las burbujas de plástico que tanto disfruto al reventar, en las burbujas con las que juegan los niños que conozco y parecen disfrutar, en las burbujas que se tiran al final de un matrimonio, o en la burbuja que hace un artesano de Murano al vidrio soplar. Pienso en las burbujas que chocan en el aire, y efímeramente se unen por una eternidad; pienso en las burbujas que creo y que algunas veces no quiero explotar. Pienso en las burbujas que me rodean, en las burbujas que han sido, y en las burbujas que muy pronto serán.
lunes, 5 de mayo de 2008
lunes, 21 de abril de 2008
De la luna.
En este momento no se qué escribir. Es muy raro, pues si quisiera hablar con alguien es muy probable que me sobren los temas. Pero acá, en la soledad de mis pensamientos me pregunto qué le diría a alguien que no conozca. Nunca he pretendido ser un escritor en el sentido profesional de la palabra, pero al fin y al cabo por definición lo soy, o ¿acaso esto se escribe solo? Eso de enfrentar la pureza del blanco papel… o lo blanco de la pantalla, pues en realidad esto no lo hago primero a mano es a veces un poco difícil. ¿De qué escribo hoy? ¿Qué les cuento? ¿Con qué los distraigo un poco y a la vez con qué me distraigo yo un poco? Me regreso a la soledad de mis pensamientos…
Esto de la soledad me recuerda una canción de Chavela Vargas que hasta hace poco escuché, se llama “Noche de ronda”, y dice: … Noche de ronda… que triste pasas, que triste cruzas, por mi balcón… Noche de ronda… Como me hieres, como lastimas mi corazón… Luna que se quiebra sobre la tiniebla de mi soledad, ¿en dónde estás?... ¿No les parece hermoso eso que dice: Luna que se quiebra sobre la tiniebla de mi soledad? A mí en lo personal me encanta. Inmediatamente pienso en un disco que un muy querido Don Enrique me regaló y que trae nada más y nada menos que cuarenta y un poemas de Benedetti leídos por el mismo… Mario Benedetti y sus bellos poemas. En la introducción que hace cita un grafiti que leyó en algún lugar, quizá en los muros de Quito dice: …cuando teníamos todas las respuestas nos cambiaron las preguntas…
Luna que se quiebra sobre la tiniebla de mi soledad. ¿Y por qué la luna? ¿Cuál es esa extraña fijación que tenemos con la luna? La luna tiene fases, la gente es lunática, amaneció de luna, la luna llena, la luna sobre París, la luna sobre el Ródano, el hombre en la luna, me tiene en la luna, estaba pensando en la luna de Valencia, ese toro enamorado de la luna, la media luna, el lado oscuro de la luna, etc. Salí, asomáte, que la luna está bellísima. La luna reflejada en el agua, la luna brillando en la mañana frente al sol. La luna eclipsada. La luna vista por entre las ramas de un árbol, la luna que me perseguía de niño en el asiento trasero del auto. La luna que brilla, la luna vista a través de un telescopio, la luna examinada a la luz de un microscopio. La cara luna, la luna es de queso, el estar colgados de la luna, la luna del Luna Park, los suburbios de la luna, la coartada lunática del sol, la luna de miel, la luna en quiebra, la niña de los ojos de luna, la luna consejera que sugiere cuando es el mejor momento para besar, la luna desde un convertible, las ramblas en la luna, la luna del amor, la luna de la desolación, la luna roja eclipsada, la luna desde la playa, la luna desde el avión, la luna mojada por la lluvia, la luna de la desesperación, la luna de la novia, la luna de la amante, la luna de la pampa, la luna liberiana, la luna para amar… ¡la luna!
Escucho a Sabina y le pongo atención a sus lunas. Recuerdo a De Saint – Exupéry y su famoso Principito que… una vez que llegó a la Tierra, quedó sorprendido de no ver a nadie. Tenía miedo de haberse equivocado de planeta, cuando un anillo de color de luna se revolvió en la arena.
Vuelve Sabina y me pregunta: ¿Quién planta girasoles en la luna? Una imagen hermosa y contradictoria… un girasol, que por definición gira en busca de la luz del sol plantado en la luna; que por un cruel destino no coincide con su amado astro rey… Lucem aspicio…
Luna. Único satélite natural de la Tierra. Parte la superficie de ese satélite que se ve desde la Tierra. Luz nocturna que este satélite nos refleja de la que recibe del Sol. (¿Florecerán esos girasoles después de todo?) Satélite natural de un planeta. Espejo cuyo tamaño permite ver a las personas de cuerpo entero. La luna llena, la luna nueva, la luna menguante, la media luna.
¿Por qué cuando definimos las cosas algunas veces las matamos? La luna de miel… Temporada de intimidad conyugal inmediatamente posterior al matrimonio. Suena un poco sin gracia ¿no?
Ladrarle a la luna… Manifestar necia y vanamente ira o enojo contra persona o cosa a la que no se puede ofender ni causar daño alguno. Pedir la luna… Pedir algo imposible. Y yo acá como un perro ladre que ladre, y la luna allá, oronda… ignorándome…
La luna tiene “lunación”, que es el tiempo que tarda en pasar de una conjunción con el Sol a la siguiente. Existe la lunada, que según el diccionario se define como “pernil de puerco”, yo lo relaciono con las lunadas donde se baila, se bebe, se conversa, pero ese soy yo.
También se habla de “lunado” o “lunada” que es cuando algo tiene forma de media luna… yo hubiese dicho “alunado” o “alunada”… cosas de malformación idiomática personal.
Tenemos el lunanco, que es dicho de un caballo y de otro cuadrúpedo: Que tiene un anca más alta que la otra. ¡Yo las ancas las relacionaba solo con ranas!
Lunar o lunares, que vienen de la Luna, pues se atribuían a un influjo de este astro o porque tenían su forma. Un lunar es una pequeña mancha en el rostro u otra parte del cuerpo, producida por una acumulación de pigmento en la piel. ¡Tan lindo que es buscar lunares, y más aun encontrarlos donde menos uno se lo espera!
Lunarejo… dicho de un animal, que tiene manchas redondas en la piel o bien de una persona, que tiene un lunar grande o varios lunares en la cara.
Lunático… que padece locura, no continua, sino por intervalos. ¿Por qué padece? Yo la locura la disfruto, la aprovecho al máximo. Luna que me hace enloquecer…
También tenemos “lunear”… que es ir de caza, de pesca o de paseo cuando hay luna, ¿acaso hay días en que no hay luna? ¿Y si mas bien para mis fines “luneaticos” me sirve que no haya luna?
Existe el “lunes”, día consagrado a la luna. ¿Y si después de la lunada del lunes nos vamos a lunear y nos portamos como lunáticos con la complicidad de la luna y repetimos eso en cada lunación?
Lunecilla. Adorno o joya en forma de media luna. ¿Lunezucha? Adorno o joya de mala calidad en forma de media luna.
Lunel. Figura en forma de flor, compuesta de cuatro medias lunas unidas por sus puntas. Típica palabrilla que lo hace a uno sentirse distinguido en una conversación, de un pronto a otro no es el “¡Qué figurita más bonita, son cuatro lunitas unidas!”, sino es un “¡Qué hermoso lunel! ¿Quién es el fabricante?
Luneta. Esta sí que no la entiendo. En su acepción más conocida, al menos para un servidor: en los teatros, cada uno de los asientos preferentes con respaldo y brazos, colocados en las filas frente al escenario en la planta inferior. Si viene de luna, ¿cómo demonios están en la planta inferior? ¿No debería ser la luneta donde está la galería? Quiero asientos en terreta.
¿Iba a algún lado con todo esto? Pues era más o menos un ¿qué le diría a alguien que no conozca? ¿Cómo inició esto de la luna y como lo terminé de esa manera? ¿Alguien me puede prestar atención por tanto rato? ¿Por qué hablo tanto de la luna si sé tan poco de ella? ¿Me atrevería a hablar de todo esto con alguien que no conozca? ¿Al publicarlo y al usted leerlo, no lo acabo de hacer? ¿Qué pensaría esa persona? ¿Qué pensó usted? ¿Será que en efecto soy un lunático? ¿Entendió usted mi luna? ¿Quiero una luna personal? ¿Me gustaría que me destierren a la luna? Un destierro “terrenal - lunar”.
Y si usted se creyera en capacidad de responder esas preguntas, y usted creyera tener la respuesta, ¿acaso no podría yo cambiarles las preguntas? Me voy cantando: Luna que se quiebra sobre la tiniebla de mi soledad, ¿en dónde estás?
Esto de la soledad me recuerda una canción de Chavela Vargas que hasta hace poco escuché, se llama “Noche de ronda”, y dice: … Noche de ronda… que triste pasas, que triste cruzas, por mi balcón… Noche de ronda… Como me hieres, como lastimas mi corazón… Luna que se quiebra sobre la tiniebla de mi soledad, ¿en dónde estás?... ¿No les parece hermoso eso que dice: Luna que se quiebra sobre la tiniebla de mi soledad? A mí en lo personal me encanta. Inmediatamente pienso en un disco que un muy querido Don Enrique me regaló y que trae nada más y nada menos que cuarenta y un poemas de Benedetti leídos por el mismo… Mario Benedetti y sus bellos poemas. En la introducción que hace cita un grafiti que leyó en algún lugar, quizá en los muros de Quito dice: …cuando teníamos todas las respuestas nos cambiaron las preguntas…
Luna que se quiebra sobre la tiniebla de mi soledad. ¿Y por qué la luna? ¿Cuál es esa extraña fijación que tenemos con la luna? La luna tiene fases, la gente es lunática, amaneció de luna, la luna llena, la luna sobre París, la luna sobre el Ródano, el hombre en la luna, me tiene en la luna, estaba pensando en la luna de Valencia, ese toro enamorado de la luna, la media luna, el lado oscuro de la luna, etc. Salí, asomáte, que la luna está bellísima. La luna reflejada en el agua, la luna brillando en la mañana frente al sol. La luna eclipsada. La luna vista por entre las ramas de un árbol, la luna que me perseguía de niño en el asiento trasero del auto. La luna que brilla, la luna vista a través de un telescopio, la luna examinada a la luz de un microscopio. La cara luna, la luna es de queso, el estar colgados de la luna, la luna del Luna Park, los suburbios de la luna, la coartada lunática del sol, la luna de miel, la luna en quiebra, la niña de los ojos de luna, la luna consejera que sugiere cuando es el mejor momento para besar, la luna desde un convertible, las ramblas en la luna, la luna del amor, la luna de la desolación, la luna roja eclipsada, la luna desde la playa, la luna desde el avión, la luna mojada por la lluvia, la luna de la desesperación, la luna de la novia, la luna de la amante, la luna de la pampa, la luna liberiana, la luna para amar… ¡la luna!
Escucho a Sabina y le pongo atención a sus lunas. Recuerdo a De Saint – Exupéry y su famoso Principito que… una vez que llegó a la Tierra, quedó sorprendido de no ver a nadie. Tenía miedo de haberse equivocado de planeta, cuando un anillo de color de luna se revolvió en la arena.
Vuelve Sabina y me pregunta: ¿Quién planta girasoles en la luna? Una imagen hermosa y contradictoria… un girasol, que por definición gira en busca de la luz del sol plantado en la luna; que por un cruel destino no coincide con su amado astro rey… Lucem aspicio…
Luna. Único satélite natural de la Tierra. Parte la superficie de ese satélite que se ve desde la Tierra. Luz nocturna que este satélite nos refleja de la que recibe del Sol. (¿Florecerán esos girasoles después de todo?) Satélite natural de un planeta. Espejo cuyo tamaño permite ver a las personas de cuerpo entero. La luna llena, la luna nueva, la luna menguante, la media luna.
¿Por qué cuando definimos las cosas algunas veces las matamos? La luna de miel… Temporada de intimidad conyugal inmediatamente posterior al matrimonio. Suena un poco sin gracia ¿no?
Ladrarle a la luna… Manifestar necia y vanamente ira o enojo contra persona o cosa a la que no se puede ofender ni causar daño alguno. Pedir la luna… Pedir algo imposible. Y yo acá como un perro ladre que ladre, y la luna allá, oronda… ignorándome…
La luna tiene “lunación”, que es el tiempo que tarda en pasar de una conjunción con el Sol a la siguiente. Existe la lunada, que según el diccionario se define como “pernil de puerco”, yo lo relaciono con las lunadas donde se baila, se bebe, se conversa, pero ese soy yo.
También se habla de “lunado” o “lunada” que es cuando algo tiene forma de media luna… yo hubiese dicho “alunado” o “alunada”… cosas de malformación idiomática personal.
Tenemos el lunanco, que es dicho de un caballo y de otro cuadrúpedo: Que tiene un anca más alta que la otra. ¡Yo las ancas las relacionaba solo con ranas!
Lunar o lunares, que vienen de la Luna, pues se atribuían a un influjo de este astro o porque tenían su forma. Un lunar es una pequeña mancha en el rostro u otra parte del cuerpo, producida por una acumulación de pigmento en la piel. ¡Tan lindo que es buscar lunares, y más aun encontrarlos donde menos uno se lo espera!
Lunarejo… dicho de un animal, que tiene manchas redondas en la piel o bien de una persona, que tiene un lunar grande o varios lunares en la cara.
Lunático… que padece locura, no continua, sino por intervalos. ¿Por qué padece? Yo la locura la disfruto, la aprovecho al máximo. Luna que me hace enloquecer…
También tenemos “lunear”… que es ir de caza, de pesca o de paseo cuando hay luna, ¿acaso hay días en que no hay luna? ¿Y si mas bien para mis fines “luneaticos” me sirve que no haya luna?
Existe el “lunes”, día consagrado a la luna. ¿Y si después de la lunada del lunes nos vamos a lunear y nos portamos como lunáticos con la complicidad de la luna y repetimos eso en cada lunación?
Lunecilla. Adorno o joya en forma de media luna. ¿Lunezucha? Adorno o joya de mala calidad en forma de media luna.
Lunel. Figura en forma de flor, compuesta de cuatro medias lunas unidas por sus puntas. Típica palabrilla que lo hace a uno sentirse distinguido en una conversación, de un pronto a otro no es el “¡Qué figurita más bonita, son cuatro lunitas unidas!”, sino es un “¡Qué hermoso lunel! ¿Quién es el fabricante?
Luneta. Esta sí que no la entiendo. En su acepción más conocida, al menos para un servidor: en los teatros, cada uno de los asientos preferentes con respaldo y brazos, colocados en las filas frente al escenario en la planta inferior. Si viene de luna, ¿cómo demonios están en la planta inferior? ¿No debería ser la luneta donde está la galería? Quiero asientos en terreta.
¿Iba a algún lado con todo esto? Pues era más o menos un ¿qué le diría a alguien que no conozca? ¿Cómo inició esto de la luna y como lo terminé de esa manera? ¿Alguien me puede prestar atención por tanto rato? ¿Por qué hablo tanto de la luna si sé tan poco de ella? ¿Me atrevería a hablar de todo esto con alguien que no conozca? ¿Al publicarlo y al usted leerlo, no lo acabo de hacer? ¿Qué pensaría esa persona? ¿Qué pensó usted? ¿Será que en efecto soy un lunático? ¿Entendió usted mi luna? ¿Quiero una luna personal? ¿Me gustaría que me destierren a la luna? Un destierro “terrenal - lunar”.
Y si usted se creyera en capacidad de responder esas preguntas, y usted creyera tener la respuesta, ¿acaso no podría yo cambiarles las preguntas? Me voy cantando: Luna que se quiebra sobre la tiniebla de mi soledad, ¿en dónde estás?
lunes, 7 de abril de 2008
De la capacidad de asombro y del Cow Parade.
Desde el inicio de ésta larga plática con ustedes, nunca he tenido bien definido el alcance de la misma. Las pláticas han sido de diferentes cosas en diferentes momentos de mi vida, de mi vida de los últimos meses. Algunos me conocen en persona, otros me conocen solamente por este medio. Lo curioso es que, por impersonal que esto parezca, puede que los que pacientemente me leen estén más al tanto de aquellos con los que usualmente comparto.
Pues bien, aprovecho la plática de hoy para “cosas varias”, vamos a hablar del Cow Parade y de la capacidad de asombro. No abordaré el último tema de manera exhaustiva, solamente les contaré como una pequeña niña puede dar lecciones gratis de vida a tres adultos.
En otro orden de ideas, por esas “cosas” de la vida, no he podido darle seguimiento a los siempre interesantes comentarios de muchos de ustedes, o bien, no he podido estar de fisgón en las páginas de muchos para ver qué es lo que me pueden contar estos días. Busco esto del “fisgón”, una de esas palabrillas que he utilizado cientos de cientos de veces, pero que no es sino hasta que la escribo que me pregunto qué diantres significa. Se define como “que hace burla”, o bien, “aficionado a husmear”. Husmear es otra que me llama la atención, y para lo que nos interesa, en su segunda acepción dice que es “andar indagando con arte y disimulo”. Antes de continuar, y solo por mera curiosidad, de nuevo, busco “diantres”, y lo que me dice es: “diablo”. ¡Tantas invocaciones! Y uno que quería sonar un poco menos blasfemo… pues seguiremos diciendo: … qué demonios significa…
También les cuento que hace unos días retomé las lecciones de Filosofía del Arte con el Maestro Roberto Villalobos Ardón. Desconozco hasta cuando tenga (¿mantenga?) el privilegio de poder asistir a sus lecciones, pero en el mientras tanto lo disfruto montones. El que quiera acompañarme cualquier día solamente dígamelo, existe un “open door policy”. Más tarde regresaré con Don Roberto y su última “Villalobada”.
Siempre en el mundo del arte, hace un par de semanas hicimos un paseo a San José para ver tantas vacas como nos fuera posible del Cow Parade. ¿Quiénes lo hicimos? Pues Pri, Gabo y Cami, su bella hija. Ese sábado fue particularmente bello, pues antes de encontrarme con mis amigos recién mencionados, fui a donde don Fabio Herrera y conversé con él por más de una hora. Me encanta que siendo quien es saque tiempo para mí, siendo quien soy. Cosas del terruño y tal vez de nuestra idiosincrasia. No obstante lo anterior, no deja de ser un poco surrealista el tener la oportunidad de compartir con alguien como don Fabio.
Continúo con el Cow Parade. Estando en el Parque Morazán me encontré con Nela Salgado, frente a su vaca. El “timing” fue perfecto. El haber coincidido con ella incrementó aún más lo surrealista de ese día. ¡Artistas! que al final de cuenta son personas comunes y corrientes, pero que conociendo de lo que son capaces es imposible dejar de verlos con una especia de “aura” alrededor. Dichosas manos creadoras y espíritus experimentales que gozan realizando cosas inimaginables para deleite propio y ajeno.
Camila. La pequeña Cami, o como quedó bautizada después del sábado, pero solo temporalmente: “Cowmila”. Camila es una niña de cinco años. Ella tiene la madurez y la inteligencia que muchas personas a mi edad no tienen… sí papi, me acuerdo cuando me hablaste de las licencias literarias… sí papi, el año pasado me explicaste que el Banco Central es el jefe de los otros bancos… y la que me dejó sin palabras… ella fue la única capaz de interpretar una vaca ubicada en la Plazoleta de la Soledad. Ni Gabo, ni Pri ni un servidor sabíamos qué demonios era esa vaca y ella fue la que nos dijo que tenía un zapato puesto… niños… estando alrededor de ellos de verdad recobramos y ejercitamos la capacidad de asombro.
Camilita. Si tan solo ustedes tuvieran el gusto de conocer a esta niña… es como salida de Amelie, de Peter Pan, del Principito, del Mundo de Sofía, es muchas y una sola. Es el milagro de la vida.
¿Cómo leen los niños el mundo? ¡Qué hermoso es estar cerca de ellos y que le contagien a uno esa alegría, esa inocencia, esa sabiduría! Estas convenciones sociales, esos usos (o desusos) del idioma que lo impulsan a uno a sacar conclusiones apresuradas, o bien a elaborar teorías complejas cuando en realidad todo se reduce a ingresar al mundo y leerlo sin vicios, sin deformaciones, sin ideas preconcebidas, sin ese morbo adulto que tiende a prostituir la realidad que nos rodea. Esto de “leer el mundo me encanta”… Lastimosamente los pies de página están a veces tan escondidos, o bien, son tan complicados, que no es sino cuando hemos pasado de página que los entendemos; y la vida, a diferencia de un libro, no nos permite retroceder y enmendar lo que hemos hecho… podemos releer, podemos ver para atrás y ver el camino recorrido, pero no podemos cambiar lo dicho, lo hecho, lo no dicho o lo no hecho. Esa es señores, la “inexorable impositividad” no del derecho, pero de la vida misma.
Volvamos sobre la capacidad de asombro. La capacidad es la aptitud, el talento o cualidad que dispone a alguien para el buen ejercicio de algo. El asombro es una gran admiración. Admirar es “causar sorpresa la vista o consideración de algo extraordinario o inesperado.” Pues bien, ese día la pequeña Cami me regaló una lección de capacidad de asombro. Eternamente agradecido con ella y también con Gabo, por permitirnos tanto a Pri como a mí disfrutar de su hermosísima hija. La jugar, la veo comer, la veo dibujar, la veo dibujarme y convertirme en un “Rubén – Patricio”. La veo y solo espero poder disfrutar en algún momento del milagro de la paternidad.
Entre el Cow Parade, el arte en la calle, y eso del asombro, no pude evitar ciertas inconsistencias, y como lo dije antes, con ésta manía de sacar conclusiones, se las cuento: Me llamó poderosamente la atención que no pusieran vacas en frente de los Tribunales de Justicia ni tampoco frente a la Asamblea Legislativa. Conclusión propia: El ambiente se hubiese visto muy saturado. Ya existen suficientes semovientes en ese sector como para agregar algunos “inmovibles”, ¡solamente llegarían a recargar el paisaje!
La vaca florero de Apuy no debía de llamarse así. Antes que florero parece la versión tropicalizada del dragón de Gaudí. Conclusión: Si el artista hubiese hecho referencia directa a Gaudí el 99% de las personas no lo hubieran entendido.
Conversando este tema con Don Roberto Villalobos, el también me dice una suya, la cual comparto con ustedes con el permiso expreso de él. Antes les cuento un poco para que entiendan la belleza de su comentario. Desde vieja fecha a mí en lo personal me incomodó un poco “Su Santidad” Juan Pablo II. Por esas cosas del azar, tanto Don Roberto como un servidor pensamos parecido al respecto, máxime después de que complacientemente y en un proceso sumario hiciera lo que hiciera con el Escrivá de Balaguer. ¡Éste Opus Dei y su gran alcance!
Lo otro tiene que ver con una vaca en particular llamativa… Matilde. Matilde es una vaca que evoca a una “negrota” de esas tropicales, con unos colores y una postura demasiado llamativas. Es una vaca que enseña las ubres de una manera espectacular… y se encuentra ubicada frente a Juan Pablito. Matilda le da la espalda al J.P., como si fuera una negación total y absoluta de tan afamada santidad…
Ahora bien, hablemos de Juancito y su escultura. Jiménez Deredia le hace una escultura al papa y a su lado coloca lo que parece ser una niña postrada a sus pies, cual perro callejero que lejos de dignificar la condición del género, que tampoco la de la niñez si fuera del caso, la relega a un plano de inferioridad.
La conclusión Villalobiana: ¡Por fin toma sentido la escultura de Jiménez Deredia! Entre tantas, ésta es en particular su visión de una vaca, y se llama “La vaca – gando”… Una Villalobada más… Me la cuenta y no puedo más que reír hasta no poder. ¡Gracias Maestro! Otra fuente inagotable de dosis de capacidad de asombro…
Me asombro nuevamente.
Pues bien, aprovecho la plática de hoy para “cosas varias”, vamos a hablar del Cow Parade y de la capacidad de asombro. No abordaré el último tema de manera exhaustiva, solamente les contaré como una pequeña niña puede dar lecciones gratis de vida a tres adultos.
En otro orden de ideas, por esas “cosas” de la vida, no he podido darle seguimiento a los siempre interesantes comentarios de muchos de ustedes, o bien, no he podido estar de fisgón en las páginas de muchos para ver qué es lo que me pueden contar estos días. Busco esto del “fisgón”, una de esas palabrillas que he utilizado cientos de cientos de veces, pero que no es sino hasta que la escribo que me pregunto qué diantres significa. Se define como “que hace burla”, o bien, “aficionado a husmear”. Husmear es otra que me llama la atención, y para lo que nos interesa, en su segunda acepción dice que es “andar indagando con arte y disimulo”. Antes de continuar, y solo por mera curiosidad, de nuevo, busco “diantres”, y lo que me dice es: “diablo”. ¡Tantas invocaciones! Y uno que quería sonar un poco menos blasfemo… pues seguiremos diciendo: … qué demonios significa…
También les cuento que hace unos días retomé las lecciones de Filosofía del Arte con el Maestro Roberto Villalobos Ardón. Desconozco hasta cuando tenga (¿mantenga?) el privilegio de poder asistir a sus lecciones, pero en el mientras tanto lo disfruto montones. El que quiera acompañarme cualquier día solamente dígamelo, existe un “open door policy”. Más tarde regresaré con Don Roberto y su última “Villalobada”.
Siempre en el mundo del arte, hace un par de semanas hicimos un paseo a San José para ver tantas vacas como nos fuera posible del Cow Parade. ¿Quiénes lo hicimos? Pues Pri, Gabo y Cami, su bella hija. Ese sábado fue particularmente bello, pues antes de encontrarme con mis amigos recién mencionados, fui a donde don Fabio Herrera y conversé con él por más de una hora. Me encanta que siendo quien es saque tiempo para mí, siendo quien soy. Cosas del terruño y tal vez de nuestra idiosincrasia. No obstante lo anterior, no deja de ser un poco surrealista el tener la oportunidad de compartir con alguien como don Fabio.
Continúo con el Cow Parade. Estando en el Parque Morazán me encontré con Nela Salgado, frente a su vaca. El “timing” fue perfecto. El haber coincidido con ella incrementó aún más lo surrealista de ese día. ¡Artistas! que al final de cuenta son personas comunes y corrientes, pero que conociendo de lo que son capaces es imposible dejar de verlos con una especia de “aura” alrededor. Dichosas manos creadoras y espíritus experimentales que gozan realizando cosas inimaginables para deleite propio y ajeno.
Camila. La pequeña Cami, o como quedó bautizada después del sábado, pero solo temporalmente: “Cowmila”. Camila es una niña de cinco años. Ella tiene la madurez y la inteligencia que muchas personas a mi edad no tienen… sí papi, me acuerdo cuando me hablaste de las licencias literarias… sí papi, el año pasado me explicaste que el Banco Central es el jefe de los otros bancos… y la que me dejó sin palabras… ella fue la única capaz de interpretar una vaca ubicada en la Plazoleta de la Soledad. Ni Gabo, ni Pri ni un servidor sabíamos qué demonios era esa vaca y ella fue la que nos dijo que tenía un zapato puesto… niños… estando alrededor de ellos de verdad recobramos y ejercitamos la capacidad de asombro.
Camilita. Si tan solo ustedes tuvieran el gusto de conocer a esta niña… es como salida de Amelie, de Peter Pan, del Principito, del Mundo de Sofía, es muchas y una sola. Es el milagro de la vida.
¿Cómo leen los niños el mundo? ¡Qué hermoso es estar cerca de ellos y que le contagien a uno esa alegría, esa inocencia, esa sabiduría! Estas convenciones sociales, esos usos (o desusos) del idioma que lo impulsan a uno a sacar conclusiones apresuradas, o bien a elaborar teorías complejas cuando en realidad todo se reduce a ingresar al mundo y leerlo sin vicios, sin deformaciones, sin ideas preconcebidas, sin ese morbo adulto que tiende a prostituir la realidad que nos rodea. Esto de “leer el mundo me encanta”… Lastimosamente los pies de página están a veces tan escondidos, o bien, son tan complicados, que no es sino cuando hemos pasado de página que los entendemos; y la vida, a diferencia de un libro, no nos permite retroceder y enmendar lo que hemos hecho… podemos releer, podemos ver para atrás y ver el camino recorrido, pero no podemos cambiar lo dicho, lo hecho, lo no dicho o lo no hecho. Esa es señores, la “inexorable impositividad” no del derecho, pero de la vida misma.
Volvamos sobre la capacidad de asombro. La capacidad es la aptitud, el talento o cualidad que dispone a alguien para el buen ejercicio de algo. El asombro es una gran admiración. Admirar es “causar sorpresa la vista o consideración de algo extraordinario o inesperado.” Pues bien, ese día la pequeña Cami me regaló una lección de capacidad de asombro. Eternamente agradecido con ella y también con Gabo, por permitirnos tanto a Pri como a mí disfrutar de su hermosísima hija. La jugar, la veo comer, la veo dibujar, la veo dibujarme y convertirme en un “Rubén – Patricio”. La veo y solo espero poder disfrutar en algún momento del milagro de la paternidad.
Entre el Cow Parade, el arte en la calle, y eso del asombro, no pude evitar ciertas inconsistencias, y como lo dije antes, con ésta manía de sacar conclusiones, se las cuento: Me llamó poderosamente la atención que no pusieran vacas en frente de los Tribunales de Justicia ni tampoco frente a la Asamblea Legislativa. Conclusión propia: El ambiente se hubiese visto muy saturado. Ya existen suficientes semovientes en ese sector como para agregar algunos “inmovibles”, ¡solamente llegarían a recargar el paisaje!
La vaca florero de Apuy no debía de llamarse así. Antes que florero parece la versión tropicalizada del dragón de Gaudí. Conclusión: Si el artista hubiese hecho referencia directa a Gaudí el 99% de las personas no lo hubieran entendido.
Conversando este tema con Don Roberto Villalobos, el también me dice una suya, la cual comparto con ustedes con el permiso expreso de él. Antes les cuento un poco para que entiendan la belleza de su comentario. Desde vieja fecha a mí en lo personal me incomodó un poco “Su Santidad” Juan Pablo II. Por esas cosas del azar, tanto Don Roberto como un servidor pensamos parecido al respecto, máxime después de que complacientemente y en un proceso sumario hiciera lo que hiciera con el Escrivá de Balaguer. ¡Éste Opus Dei y su gran alcance!
Lo otro tiene que ver con una vaca en particular llamativa… Matilde. Matilde es una vaca que evoca a una “negrota” de esas tropicales, con unos colores y una postura demasiado llamativas. Es una vaca que enseña las ubres de una manera espectacular… y se encuentra ubicada frente a Juan Pablito. Matilda le da la espalda al J.P., como si fuera una negación total y absoluta de tan afamada santidad…
Ahora bien, hablemos de Juancito y su escultura. Jiménez Deredia le hace una escultura al papa y a su lado coloca lo que parece ser una niña postrada a sus pies, cual perro callejero que lejos de dignificar la condición del género, que tampoco la de la niñez si fuera del caso, la relega a un plano de inferioridad.
La conclusión Villalobiana: ¡Por fin toma sentido la escultura de Jiménez Deredia! Entre tantas, ésta es en particular su visión de una vaca, y se llama “La vaca – gando”… Una Villalobada más… Me la cuenta y no puedo más que reír hasta no poder. ¡Gracias Maestro! Otra fuente inagotable de dosis de capacidad de asombro…
Me asombro nuevamente.
viernes, 4 de abril de 2008
De la Balletarea
1. Cada nominado deberá escribir 8 cosas sobre si mismo que nadie conozca.
2. Deberá escribir estas simples reglas para que no haya ninguna duda.
3. Deberá escoger a 8 personitas especiales para ser nominadas, y mandarles un comentario avisándoles de su nominación.
Empecé súper bien haciendo caso, poniendo las reglas y todo, vamos a ver como me salen las 8 cosas...
¿Qué es esto que escribo hoy? Pues bien, Josefina la Ballena, que no se quien demonios es, lo sugirió, y decidido a alcahuetear esta vagabundería de los blogs, que ha probado ser un buen método contra el estrés, lo hice. Lo único que NO pienso hacer es "escoger 8 personitas especiales". El que a bien lo tenga, que lo haga.
Es difícil pensar en cosas que lo demás no conozcan. Usualmente llevo como estandarte la transparencia y no me avergüenzo de lo que he hecho. Como prueba de ello, escribiré algunas cosillas que muchos saben, pero otros no.
1. He robado libros. No de librerías, pero de lugares donde no los valoraban (E.g. Trinity - Leon Uris, tenia cinco años de buscarlo y lo tenían en Datascension para que la gente leyera cuando estaba disponible... !Ja! Como si ese poco de mal amansados pudiera apreciar al valor de ese libro!). Cualquiera que me conozca sabe que yo los amo, entonces para mí eso es como recoger un perro de la calle o adoptar un niño abandonado. Asimismo por política propia, NO le presto mis libros a nadie, no recuerdo si ya esto lo había compartido en algún "escrito" anterior, pero los ÚNICOS usuarios oficiales de mi biblioteca son: C. Merlos, acceso total a la biblioteca privada pero solamente un volumen a la vez; R. Mora, acceso ilimitado a la parte legal de la biblioteca y luego mi hermanita menor, que puede tomar cuantos libros quiera pero no los puede sacar de la casa. Sí, lo sé, loco y medio de este lado del teclado.
2. No creo padecer ninguna fobia.
3. Me porté MUY mal (en realidad fue muuuuy bien) con una ex-novia en el quinto piso de la Facultad de Derecho mientras ella mantenía un noviazgo con un tipo que me caía re - mal.
4. Toqué un Van Gogh original en el Museo d'Orsay en París. No soporté la tentación y tuve que tocar el cuadro para "sentir" esa pincelada que me encanta.
5. Cuando hice la transición de calzoncillos a boxers "sufría" erecciones espontáneas... ¡Ja! Detesto que la gente diga eso de sufrir erecciones, ¡yo todas las disfruto!
6. He estado tan pero tan ebrio que he "sufrido" lagunas mentales... ¡Esas si las he sufrido! Hace años no me pasa. Madurez etílica que llaman.
7. Solamente UNA vez en TODA mi vida me disgusté con mi abuela.
8. Una vez le terminé "tácitamente" a una mucha con la que salía por que me molestaba que no usara bien los puntos suspensivos.
9. Les pongo una mas, de feria... una vez me quedé dormido mientras hacía aquello... Jajajajajajaja, nunca me dieron la oportunidad de sacar la casta de campeón y limpiar mi nombre.
2. Deberá escribir estas simples reglas para que no haya ninguna duda.
3. Deberá escoger a 8 personitas especiales para ser nominadas, y mandarles un comentario avisándoles de su nominación.
Empecé súper bien haciendo caso, poniendo las reglas y todo, vamos a ver como me salen las 8 cosas...
¿Qué es esto que escribo hoy? Pues bien, Josefina la Ballena, que no se quien demonios es, lo sugirió, y decidido a alcahuetear esta vagabundería de los blogs, que ha probado ser un buen método contra el estrés, lo hice. Lo único que NO pienso hacer es "escoger 8 personitas especiales". El que a bien lo tenga, que lo haga.
Es difícil pensar en cosas que lo demás no conozcan. Usualmente llevo como estandarte la transparencia y no me avergüenzo de lo que he hecho. Como prueba de ello, escribiré algunas cosillas que muchos saben, pero otros no.
1. He robado libros. No de librerías, pero de lugares donde no los valoraban (E.g. Trinity - Leon Uris, tenia cinco años de buscarlo y lo tenían en Datascension para que la gente leyera cuando estaba disponible... !Ja! Como si ese poco de mal amansados pudiera apreciar al valor de ese libro!). Cualquiera que me conozca sabe que yo los amo, entonces para mí eso es como recoger un perro de la calle o adoptar un niño abandonado. Asimismo por política propia, NO le presto mis libros a nadie, no recuerdo si ya esto lo había compartido en algún "escrito" anterior, pero los ÚNICOS usuarios oficiales de mi biblioteca son: C. Merlos, acceso total a la biblioteca privada pero solamente un volumen a la vez; R. Mora, acceso ilimitado a la parte legal de la biblioteca y luego mi hermanita menor, que puede tomar cuantos libros quiera pero no los puede sacar de la casa. Sí, lo sé, loco y medio de este lado del teclado.
2. No creo padecer ninguna fobia.
3. Me porté MUY mal (en realidad fue muuuuy bien) con una ex-novia en el quinto piso de la Facultad de Derecho mientras ella mantenía un noviazgo con un tipo que me caía re - mal.
4. Toqué un Van Gogh original en el Museo d'Orsay en París. No soporté la tentación y tuve que tocar el cuadro para "sentir" esa pincelada que me encanta.
5. Cuando hice la transición de calzoncillos a boxers "sufría" erecciones espontáneas... ¡Ja! Detesto que la gente diga eso de sufrir erecciones, ¡yo todas las disfruto!
6. He estado tan pero tan ebrio que he "sufrido" lagunas mentales... ¡Esas si las he sufrido! Hace años no me pasa. Madurez etílica que llaman.
7. Solamente UNA vez en TODA mi vida me disgusté con mi abuela.
8. Una vez le terminé "tácitamente" a una mucha con la que salía por que me molestaba que no usara bien los puntos suspensivos.
9. Les pongo una mas, de feria... una vez me quedé dormido mientras hacía aquello... Jajajajajajaja, nunca me dieron la oportunidad de sacar la casta de campeón y limpiar mi nombre.
lunes, 24 de marzo de 2008
De la pereza.
Del latín pigritia, es la negligencia, tedio o descuido en las cosas a las que estamos obligados, puede ser, asimismo, flojedad, descuido o tardanza en la acciones o movimientos. Existen además los “perezosos”, que son mamíferos desdentados. La pereza se puede “sacudir”, o sea, cuando se sacude, la vencemos, es cuando emprendemos o continuamos con buen ánimo una tarea o diligencia. En italiano se apegaron más al latín, y no la cambiaron a nuestro “pereza” italianizándola a “pigrizia”. Ho fame, ho sogno, ho pigrizia! Porca putana!
Esto de la pereza se me asemeja mucho a la embriaguez… especialmente por eso de flojedad, descuido, tardanza en las acciones o movimientos. Y busco entonces embriaguez (esto de buscar en el diccionario no me da pigrizia)… La embriaguez resulta ser una turbación pasajera de las potencias, exceso con que se ha bebido vino o licor; un enajenamiento del ánimo.
Entonces tenemos a la pereza y a la embriaguez. Víctima de la primera en este momento y no de la segunda, desafortunadamente, leo las definiciones y comienzo a pensar posibles escenarios o posibles definiciones nada bucólicas y mucho menos, nada “piadosas”, a como deberían de serlo, en este domingo de Semana Santa. Me detengo en esta parte: … turbación pasajera de las potencias… y pienso que de estar en estado de embriaguez bien podría responder a eso de la siguiente manera: Una mas – turbación pasajera de las potencias… pero luego de pensarlo bien, y dado el alto grado de embriaguez del momento, podría decir que se puede tratar de una “menos – turbación pasajera de la potencia”.
La potencia. Para este momento querido lector ya sabe usted que de una u otra forma me he desviado de de la pereza y de la ebriedad a un plano mas falocentrista. ¡Maldito licor! ¡Maldito Freud! Hablemos de la potencia y destrocemos lo que la Real Academia Española nos dice de ella, si fuese el caso.
La potencia es la capacidad para ejecutar algo o producir un efecto. Hmmm, pues resulta que no la tengo que prostituir mucho, pues que ejecuta y produce, lo hace; bien cumplidora es esa potencia.
Pero bien, basta de embriaguez y de potencia y regresemos a la pereza y lo otro que me llamó la atención, los mamíferos desdentados. ¿Cuántos de ustedes no han visto a los perezosos de la Universidad de Costa Rica? Recuerdo a unos compañeros de Estudios Generales que en sus viajes canábicos siempre veían cosas guindando de los árboles que se movían lentamente. Atraído por la curiosidad de esos seres semi – imaginarios, los acompañe en una de sus incursiones, y en otra, y luego en otra… atraído no por la canabis que me resistí a probar, pero por lo curioso que me parecía ver perezosos en el campus universitario. ¡Qué metafórico!
Vuelvo sobre la potencia y ahora la pienso desde el punto de vista de un perezoso. ¿Cómo se reproducen estos animales? No me imagino el rito de apareamiento de uno de estos bichos, y mucho menos la insatisfacción de la hembra, ¡pues debe de ser un coito eterno!
Continúo con la pereza. ¿Qué se hace cuando se tiene pereza? ¿Leer? ¿Escuchar música? ¿Jugar con la potencia? (¡Esa fijo la veían venir!) ¿Escribir? ¿Todas las anteriores? ¿Salir? ¡Ja! Me recuerdo de una canción Dos Pájaros de un tiro donde Sabina y Serrat cantan algo así como…no hago otra cosa más que pensar en tí, con mi virilidad entre las manos… Y por supuesto viene el juicio de reproche: ellos lo cantan en público y la gente no solamente les ríe la gracia, ¡les hace el coro! Y yo acá humildemente hablo de la potencia y ustedes piensan mal de mí. Lo dicho, este mundo se encuentra lleno de sin sentidos.
Pues bien, podría seguir escribiendo de la pereza, yo por ejemplo cuando estoy aburrido me pongo a leer, si eso no me resulta; pues bien, veo tele; si eso no me resulta y el tiempo lo permite, salgo en bicicleta o a caminar; si eso no se me antoja; trato de salir a algún lado, al cine quizá. En otras ocasiones, como la que me ocupa en este momento, escribo. Y ustedes, ¿qué hacen cuando están aburridos? ¡Ja! Cuando están BIEN aburridos y no tienen NADA mejor que hacer, me leen…
Esto de la pereza se me asemeja mucho a la embriaguez… especialmente por eso de flojedad, descuido, tardanza en las acciones o movimientos. Y busco entonces embriaguez (esto de buscar en el diccionario no me da pigrizia)… La embriaguez resulta ser una turbación pasajera de las potencias, exceso con que se ha bebido vino o licor; un enajenamiento del ánimo.
Entonces tenemos a la pereza y a la embriaguez. Víctima de la primera en este momento y no de la segunda, desafortunadamente, leo las definiciones y comienzo a pensar posibles escenarios o posibles definiciones nada bucólicas y mucho menos, nada “piadosas”, a como deberían de serlo, en este domingo de Semana Santa. Me detengo en esta parte: … turbación pasajera de las potencias… y pienso que de estar en estado de embriaguez bien podría responder a eso de la siguiente manera: Una mas – turbación pasajera de las potencias… pero luego de pensarlo bien, y dado el alto grado de embriaguez del momento, podría decir que se puede tratar de una “menos – turbación pasajera de la potencia”.
La potencia. Para este momento querido lector ya sabe usted que de una u otra forma me he desviado de de la pereza y de la ebriedad a un plano mas falocentrista. ¡Maldito licor! ¡Maldito Freud! Hablemos de la potencia y destrocemos lo que la Real Academia Española nos dice de ella, si fuese el caso.
La potencia es la capacidad para ejecutar algo o producir un efecto. Hmmm, pues resulta que no la tengo que prostituir mucho, pues que ejecuta y produce, lo hace; bien cumplidora es esa potencia.
Pero bien, basta de embriaguez y de potencia y regresemos a la pereza y lo otro que me llamó la atención, los mamíferos desdentados. ¿Cuántos de ustedes no han visto a los perezosos de la Universidad de Costa Rica? Recuerdo a unos compañeros de Estudios Generales que en sus viajes canábicos siempre veían cosas guindando de los árboles que se movían lentamente. Atraído por la curiosidad de esos seres semi – imaginarios, los acompañe en una de sus incursiones, y en otra, y luego en otra… atraído no por la canabis que me resistí a probar, pero por lo curioso que me parecía ver perezosos en el campus universitario. ¡Qué metafórico!
Vuelvo sobre la potencia y ahora la pienso desde el punto de vista de un perezoso. ¿Cómo se reproducen estos animales? No me imagino el rito de apareamiento de uno de estos bichos, y mucho menos la insatisfacción de la hembra, ¡pues debe de ser un coito eterno!
Continúo con la pereza. ¿Qué se hace cuando se tiene pereza? ¿Leer? ¿Escuchar música? ¿Jugar con la potencia? (¡Esa fijo la veían venir!) ¿Escribir? ¿Todas las anteriores? ¿Salir? ¡Ja! Me recuerdo de una canción Dos Pájaros de un tiro donde Sabina y Serrat cantan algo así como…no hago otra cosa más que pensar en tí, con mi virilidad entre las manos… Y por supuesto viene el juicio de reproche: ellos lo cantan en público y la gente no solamente les ríe la gracia, ¡les hace el coro! Y yo acá humildemente hablo de la potencia y ustedes piensan mal de mí. Lo dicho, este mundo se encuentra lleno de sin sentidos.
Pues bien, podría seguir escribiendo de la pereza, yo por ejemplo cuando estoy aburrido me pongo a leer, si eso no me resulta; pues bien, veo tele; si eso no me resulta y el tiempo lo permite, salgo en bicicleta o a caminar; si eso no se me antoja; trato de salir a algún lado, al cine quizá. En otras ocasiones, como la que me ocupa en este momento, escribo. Y ustedes, ¿qué hacen cuando están aburridos? ¡Ja! Cuando están BIEN aburridos y no tienen NADA mejor que hacer, me leen…
lunes, 17 de marzo de 2008
De los homenajes.
Un homenaje es un acto o una serie de actos que se celebran en honor de alguien o de algo. Los hay en vida y los hay póstumos. Encuentro los segundos un poco tristes, pues se tributan a un difunto. Espero que no se me haya hecho tarde para dar las gracias a los Maestros que tuve en la Universidad. ¡Ésta manía de posponer para luego las cosas! De momento sé de dos de ellos que ya no nos acompañan: Ramón Madrigal y Henry Issa El Khoury. Excelentes profesionales, excelentes personas.
Pues bien, inicio con los profesores versus los maestros. Los profesores son aquellos, según mi definición muy personal, con los que cursé algún curso y no pasó a más. Probablemente no se acuerden de mí y yo no de ellos. Completé un requisito curricular y ellos me aprobaron. Los maestros, en cambio, son aquellos que marcaron un antes y un después. Aquellos que dejaron algo más que la mera lección del día, son aquellos que me dieron más de lo que debían, aquellos que me regalaron grandes enseñanzas.
Inicio mi humilde homenaje sin un orden en particular. Alicia Pifarré. Toda una dama. Con ella llevé Introducción al Estudio del Derecho. Ella me regaló clases amenas, consejos, mi primera carta de recomendación cuando buscaba mi primer trabajo y a un Fernando Savater que me acompañará por el resto de mi vida. Daniel Gadea, Derecho Procesal Penal. Don Daniel no solamente me dio clases de procesal, antes bien es una persona que me ha escuchado, en las malas y en las buenas. Una persona que nunca ha estado ocupada para darme un consejo o bien, una que otra llamada de atención.
Jorge Luis Arce, Derecho Penal IV. Mi primer cien en la Facultad. Me regaló clases muy interesantes. Me prestó su Diccionario de Mitología Griega al finalizar un examen para realizar una tarea de Literatura Clásica y me hizo una de las mejores recomendaciones: Jorge Luis Borges. Gracias a él conocí a mi querido Borges.
José Thompson, Principios de Derecho Internacional Público. Con don José me pasó una situación muy particular. Decidí que no quería ser Licenciado en Derecho. Lejos de escuchar los consejos de la gente, decidí abandonar ciertos cursos, entre ellos el que cursaba con él. Luego de decirle de viva voz que me disponía a dejar su curso tirado y de la lógica pregunta de “¿por qué va a hacer eso muchacho?”, llevé con él al año siguiente el mismo curso, y de la manera más paciente soporto mis interrupciones nuevamente. Muchas gracias don José, excelentes clases las que usted imparte.
Andrés Montejo, Derechos Reales. A don Andrés me une no solamente la Facultad, pero también las misas en las que solíamos coincidir los domingos y los partidos de racquetball. Excelente profesor, gran padre de familia que nunca escatimaba elogios para sus hijos y su esposa y un gran amigo. Gracias don Andrés, no solo por sus clases, pero por su amistad.
De momento he hablado solamente de mis profesores de carrera, ¿pero que hay de aquellos que tuvieron que soportarme por que yo elegí sus clases?
Kattia Chinchilla, Literatura Clásica e Introducción a la Mitología. ¡Ja! ¡Al que no quiere caldo, dos tazas! Doña Kattia fue profesora mía en dos cursos. A ella le debo una Odisea y una Iliada; muchos pero muchos libros de referencia y una eterna admiración por ese mundo clásico tan bello y tan complejo.
Roberto Marín Guzmán, Introducción a la Historia de Medio Oriente en el siglo XX. Clases, conferencias, libros, don Roberto destaca por su caballerosidad, su gran inteligencia y su paciencia al enseñar. A don Roberto le debo el tener una mejor idea del conflicto árabe – israelí y el poder opinar al respecto con mayor propiedad.
Giovanna Armellin, Italiano Básico. Ella con su supremacía del norte, yo con mi amado sur de Italia, particularmente ¡la bella Napoli! Clases de las que he disfrutado como pocas.
Antonio Marlasca, Ética Jurídica Profesional. No solamente le tengo que agradecer por unas clases muy bien dadas, también por interesarme en un tema tan complejo como lo es el de la bioética.
Roberto Villalobos Ardón, Filosofía del Arte. ¡Don Roberto! Por donde empezar… Con el llevé el curso de verano del Guernica de Picasso, Filo del Arte I y II dos veces (por elección, no porque hubiese perdido el curso la primera vez), un curso impartido en Grecia de Política y Ciudad, una extensión de Filosofía del Arte en vacaciones de tres meses, en fin, Don Roberto es el vivo ejemplo de una Maestro. Con él ni siquiera me tomo la molestia de agradecer los innumerables aportes que me hizo. Solo hago notar que por sus constantes “regañadas”, si es que califican como tales, fue que terminé los cursos de la licenciatura, y sí, aun le debo a él, a algunos amigos, profesores y familiares esa tesis, pero en su momento llegará. Gracias Don Roberto, por compartir su basto conocimiento conmigo.
Podría continuar con la lista, pienso por ejemplo en un Andrés Sáenz, Fernando Contreras (tanto el padre como el hijo), Mario Fernández Silva, Luis Guillermo Herrera, Rodolfo Quirós, Edgar Avellán, Carlos Tiffer, Marielos Soto, Hugo Alfonso Muñoz, Jorge Enrique Romero Pérez, Juan Marcos Rivero, Ana Lucía Espinoza, Gustavo Montero, Juan Carlos Gutiérrez y por supuesto, en Edgar Emilio León, todos ellos seguidos de un largo etc.
Repaso la lista y veo por ejemplo como falta el nombre de don Oscar Más Herrera, gran amigo y profesor de la U, que si bien es cierto nunca me dio lecciones formales, me honra con su amistad y sus buenos consejos. Veo también que falta un don Luis Paulino Delgado, quien fuera compañero de clases pero todo un maestro con respecto al arte.
Pienso no solamente en esos profesores de la U, pero también en personas que trabajando en la U hicieron mi vida más sencilla, llámese “Doña Rasta”, la esposa de ese famoso “Barrabás” y su legendaria librería; o bien de Chico, con sus antologías de jurisprudencia o de doctrina.
¿Cuál era el propósito de las líneas anteriores? Pues solamente dar las gracias. Gracias maestros. Gracias Universidad de Costa Rica, por ofrecer esos maestros de lujo.
Pues bien, inicio con los profesores versus los maestros. Los profesores son aquellos, según mi definición muy personal, con los que cursé algún curso y no pasó a más. Probablemente no se acuerden de mí y yo no de ellos. Completé un requisito curricular y ellos me aprobaron. Los maestros, en cambio, son aquellos que marcaron un antes y un después. Aquellos que dejaron algo más que la mera lección del día, son aquellos que me dieron más de lo que debían, aquellos que me regalaron grandes enseñanzas.
Inicio mi humilde homenaje sin un orden en particular. Alicia Pifarré. Toda una dama. Con ella llevé Introducción al Estudio del Derecho. Ella me regaló clases amenas, consejos, mi primera carta de recomendación cuando buscaba mi primer trabajo y a un Fernando Savater que me acompañará por el resto de mi vida. Daniel Gadea, Derecho Procesal Penal. Don Daniel no solamente me dio clases de procesal, antes bien es una persona que me ha escuchado, en las malas y en las buenas. Una persona que nunca ha estado ocupada para darme un consejo o bien, una que otra llamada de atención.
Jorge Luis Arce, Derecho Penal IV. Mi primer cien en la Facultad. Me regaló clases muy interesantes. Me prestó su Diccionario de Mitología Griega al finalizar un examen para realizar una tarea de Literatura Clásica y me hizo una de las mejores recomendaciones: Jorge Luis Borges. Gracias a él conocí a mi querido Borges.
José Thompson, Principios de Derecho Internacional Público. Con don José me pasó una situación muy particular. Decidí que no quería ser Licenciado en Derecho. Lejos de escuchar los consejos de la gente, decidí abandonar ciertos cursos, entre ellos el que cursaba con él. Luego de decirle de viva voz que me disponía a dejar su curso tirado y de la lógica pregunta de “¿por qué va a hacer eso muchacho?”, llevé con él al año siguiente el mismo curso, y de la manera más paciente soporto mis interrupciones nuevamente. Muchas gracias don José, excelentes clases las que usted imparte.
Andrés Montejo, Derechos Reales. A don Andrés me une no solamente la Facultad, pero también las misas en las que solíamos coincidir los domingos y los partidos de racquetball. Excelente profesor, gran padre de familia que nunca escatimaba elogios para sus hijos y su esposa y un gran amigo. Gracias don Andrés, no solo por sus clases, pero por su amistad.
De momento he hablado solamente de mis profesores de carrera, ¿pero que hay de aquellos que tuvieron que soportarme por que yo elegí sus clases?
Kattia Chinchilla, Literatura Clásica e Introducción a la Mitología. ¡Ja! ¡Al que no quiere caldo, dos tazas! Doña Kattia fue profesora mía en dos cursos. A ella le debo una Odisea y una Iliada; muchos pero muchos libros de referencia y una eterna admiración por ese mundo clásico tan bello y tan complejo.
Roberto Marín Guzmán, Introducción a la Historia de Medio Oriente en el siglo XX. Clases, conferencias, libros, don Roberto destaca por su caballerosidad, su gran inteligencia y su paciencia al enseñar. A don Roberto le debo el tener una mejor idea del conflicto árabe – israelí y el poder opinar al respecto con mayor propiedad.
Giovanna Armellin, Italiano Básico. Ella con su supremacía del norte, yo con mi amado sur de Italia, particularmente ¡la bella Napoli! Clases de las que he disfrutado como pocas.
Antonio Marlasca, Ética Jurídica Profesional. No solamente le tengo que agradecer por unas clases muy bien dadas, también por interesarme en un tema tan complejo como lo es el de la bioética.
Roberto Villalobos Ardón, Filosofía del Arte. ¡Don Roberto! Por donde empezar… Con el llevé el curso de verano del Guernica de Picasso, Filo del Arte I y II dos veces (por elección, no porque hubiese perdido el curso la primera vez), un curso impartido en Grecia de Política y Ciudad, una extensión de Filosofía del Arte en vacaciones de tres meses, en fin, Don Roberto es el vivo ejemplo de una Maestro. Con él ni siquiera me tomo la molestia de agradecer los innumerables aportes que me hizo. Solo hago notar que por sus constantes “regañadas”, si es que califican como tales, fue que terminé los cursos de la licenciatura, y sí, aun le debo a él, a algunos amigos, profesores y familiares esa tesis, pero en su momento llegará. Gracias Don Roberto, por compartir su basto conocimiento conmigo.
Podría continuar con la lista, pienso por ejemplo en un Andrés Sáenz, Fernando Contreras (tanto el padre como el hijo), Mario Fernández Silva, Luis Guillermo Herrera, Rodolfo Quirós, Edgar Avellán, Carlos Tiffer, Marielos Soto, Hugo Alfonso Muñoz, Jorge Enrique Romero Pérez, Juan Marcos Rivero, Ana Lucía Espinoza, Gustavo Montero, Juan Carlos Gutiérrez y por supuesto, en Edgar Emilio León, todos ellos seguidos de un largo etc.
Repaso la lista y veo por ejemplo como falta el nombre de don Oscar Más Herrera, gran amigo y profesor de la U, que si bien es cierto nunca me dio lecciones formales, me honra con su amistad y sus buenos consejos. Veo también que falta un don Luis Paulino Delgado, quien fuera compañero de clases pero todo un maestro con respecto al arte.
Pienso no solamente en esos profesores de la U, pero también en personas que trabajando en la U hicieron mi vida más sencilla, llámese “Doña Rasta”, la esposa de ese famoso “Barrabás” y su legendaria librería; o bien de Chico, con sus antologías de jurisprudencia o de doctrina.
¿Cuál era el propósito de las líneas anteriores? Pues solamente dar las gracias. Gracias maestros. Gracias Universidad de Costa Rica, por ofrecer esos maestros de lujo.
lunes, 10 de marzo de 2008
De mi bella Costa Rica.
Hace muchos días que no escribo. ¿Qué ha pasado? He estado haciendo muchas cosas. El trabajo me consume gran parte del día y las noches son muy cortas como para escribir. En fin, el propósito de esta entrega será ponerlos al tanto de lo acontecido las dos últimas semanas, que han sido muy diferentes y muy bellas. Esta entrega es más larga de lo usual. Son dos semanas después de todo.
“Dijo el hombre a la Hilandera:
a la puerta de su casa:
—Hilandera, estoy cansado,
dejé la piel en las zarzas,
tengo sangradas las manos,
tengo sangradas las plantas,
en cada piedra caliente
dejé un retazo del alma,
tengo hambre, tengo fiebre,
tengo sed..., la vida es mala...
y contestó la Hilandera:
—Pasa.”
La Hilandera - Andrés Eloy Blanco
Amable lector, nótese, de nuevo, que son dos semanas. ¿Largo? No tanto. Después de todo, son dos semanas mas cortas que un solo día de ese Ulises de Joyce. ¡Sí, lo sé! Muy, pero muy igualado al hacer semejante comparación.
Iniciemos pues, con el día que no existió, el 29 de febrero. Ese día lo tomé libre para hacer diligencias personales. En medio del trajín, pasé a visitar a una de mis mejores amigas al Ministerio de Hacienda. Me recibió un bello mural de Valverde que tenía años de no ver. ¿Qué mejor manera de empezar la jornada laboral que con un Valverde? Dichosos los que laboran a su lado.
Subo al quinto piso e ingreso al despacho del señor Ministro. Ya me siento hasta importante, me atienden ¡y sin cita! Mientras converso con la Srta. Asesora, me suena mi celular… es nada más y nada menos que Don Fabio Herrera… ¡Sí! El mismo. Don Fabio, que es todo un caballero, me devuelve la llamada que días atrás le hice y nos ponemos de acuerdo para ver algunas de sus obras. Sí. Me dispongo a sucumbir a un capricho de tener una obra suya. La vida es bella, muy bella.
Sigo mi día y me compro la Muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes. Un muy buen día. Llegada la noche salgo con algunos de mis mejores amigos a celebrar el cumpleaños de uno de ellos y terminamos bebiendo “Absenta”. Muy Gaudí, según me dicen. Hoffmann, JuanDa, Carmen, Mari y Hans. ¿Cómo no pasarla bien?
Al día siguiente asisto al Rigoletto. Antes de ir al Teatro, decido cenar algo liviano y beber un poco de Glenfiddich. La ópera, ¡excelente! Sparafucile, la voz de la noche.
Domingo temprano salgo en bicicleta. Un buen día para hacer ejercicio. Siempre en la mañana, Nela Salgado me trae a casa su Hilandera, ahora MÍ Hilandera. Un óleo muy bello que espero algún día colgar en la pared de mí casa.
“Y un día vio la Hilandera
que el hombre ciego lloraba;
ya estaba la espesa venda
atravesada de lágrimas,
una gota cristalina
de cada ojo manaba.
Y el hombre dijo:
—Hilandera,
¡te estoy mirando a la cara!
¡Qué bien se ve todo el mundo
por el cristal de las lágrimas!
Los caminos están frescos,
los campos verdes de agua;
hay un iris en las cosas,
que me las llena de gracia.”
La Hilandera - Andrés Eloy Blanco
Durante la semana leo dos libros. Uno de la masonería, súper interesante, uno de Savater; sobra decir que no solo interesante, sino un MUY BUEN libro. Don Fernando me regala dos cosas maravillosas que comparto gustoso con ustedes:
…Antes de contestarte me estaba acordando de otra definición de Bierce en su Diccionario de una de sus bestias negras, el abstemio, que dice: “Abstemio: Persona de carácter débil que cede a la tentación de privarse de un placer”…
¡Oh abstemios! ¡Qué cosa más simpática me resultan este tipo de personas!
Continúo con la segunda cosa que me encanto de este libro, esta vez no ya de boca de Don Fernando, pero de Germán Rey, quien nos dice:
“Ya para finalizar esta serie de conversaciones con Fernando Savater quisiera contar una historia que le sucedió a García Márquez cuando viajaba por un río cercano a Aracataca. Cuenta que de pronto empezaron a aparecer mariposas amarillas; el boga que iba describiendo el viaje – y que no sabía que García Márquez iba en su canoa – sintió que era pertinente hacer un comentario sobre ellas: ¡Ah, sí! Estas mariposas amarillas empezaron a existir desde que García Márquez escribió Cien años de soledad”
Me parece que es de lo más bello que le pueda suceder a un escritor, que influencie la realidad de los demás y que su realismo mágico modifique el entorno de sus lectores. Sin palabras.
Mi semana sigue adelante. Me levanto, trabajo, asisto a clases, etc… Inicio otro libro de Don Fernando, esta vez, uno dedicado al turf… El juego de los caballos…
Llega el viernes. Llamo a la puerta del pasado y me responde una bella voz. No soy bueno con el pasado y el pasado no me dice lo que quiero escuchar. Todo tiempo pasado es mejor, dicen. No lo sé. Espero que no. Adiós pasado, adiós.
Primer concierto de la temporada de la Orquesta Sinfónica Nacional. Tomo el programa y me llama poderosamente la atención el título de la primera obra… “Capricho Italiano, Op. 45”. Nunca la he escuchado, pero si es de Tchaikovsky debe de ser buena. En realidad el lego que se dirige a ustedes no conocía tampoco el resto del programa, un tal Dvorák (que desconozco como pronunciarlo) y mi querido Brahms, maestro al que admiro pero del que no conocía su Primera Sinfonía en Do menor, Op. 68.
Continúo con el programa. Bella sorpresa. ¡Muy bella! Las notas al programa las hace Don Jacques Sagot. ¿Y cómo se supone que no tuviera la risa de baboso si me lo imaginaba en el escenario explicando lo que me disponía a escuchar? Gracias Don Jacques, sus notas hicieron que apreciara mucho más lo que escuché y de alguna manera compensaron la nota suya que faltó en La Nación del día de hoy (lo escribo el domingo 09 de marzo del 2008).
Inicia el concierto. Chosei Komatsu sale con una sonrisa de oreja a oreja y por unas dos horas nos deleita con su magistral dirección. Mi favorita: “Capricho Italiano, Op. 45”.
¿En el intermedio que pasa? Pues me encuentro con mi querido Maestro de estudios del Medio Oriente, Don Roberto Marín Guzmán. Intercambiamos palabras brevemente con el compromiso de ir a tomar café una tarde de estas. ¡Que linda mi Costa Rica! Me encuentro en un gran concierto, con un gran programa, en un pequeño gran teatro y con un gran y querido maestro.
Después del concierto, y la nota cultural exploro un poco la vida nocturna de San José. Salgo con un buen amigo y me encuentro una muy buena amiga de casualidad. Buena noche.
El sábado. El sábado desayuno copiosamente con una gran amigo, con el Quinta siempre se pasa un rato agradable. Gentilmente me acompaña a recoger una serigrafía que le compré a Nela Salgado para mi bello sobrinito Sebastián. Regalo de su cumpleaños número tres. “Caballito azul” se llama. Primero de los muchos cuadros que deseo que llegue a tener, a querer y a apreciar.
Llego a mi casa, y ¡sorpresa! Sebas se encuentra de visita. Le doy su regalo, que de momento vé como algo disfuncional tal vez, y cumplo con mi promesa. Su primera obra de arte. ¡Tan linda Nelita! Como siempre, una bella obra suya en un bello marco suyo.
Continúo mi día y voy a donde Don Fabio Herrera. ¡Ja! Donde me ve me dice que por mi voz creía que era un “señorón”. Más tarde Priscilla me dice que eso solamente es una señal inequívoca de que soy un gran igualado. Veo sus cuadros. Mi visita coincide con la de un señor de apellido Pegels. Don Ulrich, me dice Don Fabio, es un coleccionista mío que tiene más de cien de mis cuadros… Ciento noventa Fabio… lo corrige gentilmente Don Ulrich, Sí Ulrich, ciento noventa son más de cien cuadros… reímos los tres…
Pienso que es surrealista que esté viviendo de primera mano este momento. Para ellos probablemente es su pan de cada día, ese ir y venir de gente “pudiente” y con muy buen gusto. Para mí, una persona amante del arte en todas sus expresiones, pero desafortunadamente sin los medios para saciar mi sed adquisitiva, es simplemente, uno de esos momentos que guardaré como una muy buena anécdota.
De la manera más gentil, Don Fabio me regala dos libros con algunas de sus obras… La Ventana al Futuro y Oliendo eso. Todo un caballero este Don Fabio.
Sigue mi día y asisto al Concierto de Manuel Obregón. Antes de ir a mi amado Teatro Nacional, asisto con Pri, compañera de infortunios, al Quinto Festival de Verano Transitarte. ¡Qué bueno mi Señor Alcalde! ¡Cómo nos alcahuetea a los que amamos el arte! En el Parque España adquiero unas cuantas obras de pequeño formato pero inmensa belleza. ¿Cómo no apoyar el arte local? En este momento pienso que me encantaría ser un Médici. Acaso un Capricho Italiano más…
Teatro Nacional. Engalanado de bellas luces de colores. Piano. Manuel Obregón. Buena noche.
Al final del recital, Obregón nos regala obras más conocidas y nos pide que cantemos. Me rehúso a hacerlo. Interpreta la Patriótica. Yo sí envidio los goces de Europa y la grandeza que en ella se encierra. No me molesta que la cante, en lo personal me encanta el ritmo. La letra, no la comparto en su totalidad.
Y sigue mi noche. Pri, Gabo, y un servidor. Llega mi primito. Pasamos una buena noche diciendo tonteras y riendo. Pri termina con el epíteto de “Agujero negro”. Ustedes saquen sus conclusiones. Pri anda de cabanga…Cabanga le digo… Ella me dice: “Ahí tenés para el siguiente blog”… Cabanga… linda palabra, evidentemente si me conocen bien sabrán que la tengo que buscar en el diccionario de la Academia, y ¡vaya sorpresa! Me dice lo siguiente: C. Rica. Melancolía, tenue tristeza, añoranza, nostalgia. De Tiquicia. No es como la areté de los griegos, en este caso la “cabangé” o mucho menos del latín “cabangius”. Es la puritica cabanga…
Río, reímos mucho. Me llama poderosamente la atención que uno de los participantes de la risa colectiva haya resuelto que ya sabe lo que quiere hacer de su vida… “Quiero ser Hugo Chávez”… Jajajajajaja! Dictador… yo en lo personal, dada la oportunidad, preferiría ser Fidel, pero bueno, cada cabeza es un mundo. Nota: Siendo Fidel JAMÁS abría dejado de fumar habanos.
Sigue mi fin de semana. Domingo. Nace mi segundo sobrinito. Federico. Ser tío me encanta. Bienvenido al mundo criatura del amor. Te deseo lo mejor. Me levanto, baño y desayuno. Llamo a mi padre para que me acompañe al ritual del recién nacido. Vamos a la Universal, a al Casa de las Revistas y al Automercado y le compro a mi sobrinito nuevo, repitiendo lo hecho en el pasado a su hermanito Sebas, periódicos y revistas del día en que nace. Revistas de bicicletas, porno, actualidad mundial, revistas, etc. Todas formarán unos bellos tomos que leeré con él en un futuro.
Nos dirigimos a la clínica. Subimos al quinto piso. Cuarto 505. Conozco a Federico. Se me humedecen los ojos al ver esa criatura tan bella. Lo alzo en mis brazos. Le doy besos. Le hablo. Le doy la bienvenida al mundo. Celebro su nacimiento. Sebas y Fede, sobrinitos de lujo. Felicito a mi amada hermana y a mi cuñado. Gracias a los dos por dejarme participar del milagro del amor.
“La vida es buena, Hilandera,
la vida no tiene zarzas;
¡quítame la larga venda
que me pusiste en la cara!
Y ella le quitó la venda
y la Hilandera lloraba
y se estuvieron mirando
por el cristal de las lágrimas
y el amor, entre sus ojos,
hilaba...”
La Hilandera - Andrés Eloy Blanco
Sigue mi día. Feria del arte en la plaza de San Rafael de Escazú. Poderoso señor es don Dinero nos decía Quevedo, si mi memoria no me falla.
Amighetti. Valverde. Herrera. Fernádez, etc. Mucho gusto, poco poder adquisitivo. Priscilla vé una obra de Don Adrián Gómez que le gusta. Es una bella serigrafía. No es de sus famosas negritas, no. Pero puede que en eso radique su belleza. Tira. Encoge. Regateo. Obra cara. Continuamos nuestro camino.
Toldos más, toldos menos, vemos el del mismísimo Don Adrián. Entramos. Don Adrián responde preguntas de esos compradores que aparentan comprar porque pueden y no necesariamente porque aprecian la belleza de sus obras. Una señora quiere enmarcar un bello cuadro que no necesita tal cosa. Vemos sus obras. ¡Sorpresa! Don Adrián tiene la obra que toldos atrás le gustó a Pri.
Don Adrián sigue atendiendo a la gente que entra. Al rato se percata de nuestra presencia, y como todo un caballero llega, nos saluda, y nos dedica su valioso tiempo. ¿Cuánto cuesta? Tanto. Pero se la puedo dejar más barata porque está un poco sucia. Ya no es una, son dos. Ojos brillan. Se las puedo tratar de limpiar un poco, nos dice. Son dos obras, evidentemente yo también quiero una. No están dañadas, Don Adrián las deja como nuevas. No solamente las deja como nuevas, prácticamente nos regala las serigrafías. Compramos dos bellas obras a un gran precio y conocimos otro caballero más del panorama artístico costarricense.
Sigue el domingo. Teatro Melico Salazar. Teatro Negro de Praga. Otro buen día. “Pequeño teatro de grandes milagros. Fiesta de la fantasía y sueños humanos en contraste con el mundo caótico de hoy día, pues la fantasía es el principio del Teatro Negro.” Simplemente me encantan los programas y lo que ellos dicen. Excelente función.
Salimos de la función. Quinto Festival de Verano Transitarte versión II. El desquite. Compro un par de obras más y una escultura de metal, pequeña, muy pequeña. Mientras escribo esto volteo mi cara a lado derecho. Observo mi mesita de noche. Veo un herrero. Me detengo. Sonrío. Continúo escribiendo. Porque la vida es un sueño, y los sueños, sueños son. ¡Qué bella es la vida!
Caminamos al parqueo. San José de noche. “Son de Tikizia” en el Templo de la Música. Miles de de miles de tiras plásticas multicolor son lanzadas en el preciso instante en el que pasamos por el Morazán. No era un momento Kodak. Era un momento Amelie. Coronado de seguido por un espectacular juego de pólvora.
La vida es bella. Costa Rica, país de pequeñas bellas sorpresas. País de contrastes. País de microclimas, no solo naturales, también artísticos. Hoy, solamente hoy, puede que no envidie tanto los goces de Europa.
“Dijo el hombre a la Hilandera:
a la puerta de su casa:
—Hilandera, estoy cansado,
dejé la piel en las zarzas,
tengo sangradas las manos,
tengo sangradas las plantas,
en cada piedra caliente
dejé un retazo del alma,
tengo hambre, tengo fiebre,
tengo sed..., la vida es mala...
y contestó la Hilandera:
—Pasa.”
La Hilandera - Andrés Eloy Blanco
Amable lector, nótese, de nuevo, que son dos semanas. ¿Largo? No tanto. Después de todo, son dos semanas mas cortas que un solo día de ese Ulises de Joyce. ¡Sí, lo sé! Muy, pero muy igualado al hacer semejante comparación.
Iniciemos pues, con el día que no existió, el 29 de febrero. Ese día lo tomé libre para hacer diligencias personales. En medio del trajín, pasé a visitar a una de mis mejores amigas al Ministerio de Hacienda. Me recibió un bello mural de Valverde que tenía años de no ver. ¿Qué mejor manera de empezar la jornada laboral que con un Valverde? Dichosos los que laboran a su lado.
Subo al quinto piso e ingreso al despacho del señor Ministro. Ya me siento hasta importante, me atienden ¡y sin cita! Mientras converso con la Srta. Asesora, me suena mi celular… es nada más y nada menos que Don Fabio Herrera… ¡Sí! El mismo. Don Fabio, que es todo un caballero, me devuelve la llamada que días atrás le hice y nos ponemos de acuerdo para ver algunas de sus obras. Sí. Me dispongo a sucumbir a un capricho de tener una obra suya. La vida es bella, muy bella.
Sigo mi día y me compro la Muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes. Un muy buen día. Llegada la noche salgo con algunos de mis mejores amigos a celebrar el cumpleaños de uno de ellos y terminamos bebiendo “Absenta”. Muy Gaudí, según me dicen. Hoffmann, JuanDa, Carmen, Mari y Hans. ¿Cómo no pasarla bien?
Al día siguiente asisto al Rigoletto. Antes de ir al Teatro, decido cenar algo liviano y beber un poco de Glenfiddich. La ópera, ¡excelente! Sparafucile, la voz de la noche.
Domingo temprano salgo en bicicleta. Un buen día para hacer ejercicio. Siempre en la mañana, Nela Salgado me trae a casa su Hilandera, ahora MÍ Hilandera. Un óleo muy bello que espero algún día colgar en la pared de mí casa.
“Y un día vio la Hilandera
que el hombre ciego lloraba;
ya estaba la espesa venda
atravesada de lágrimas,
una gota cristalina
de cada ojo manaba.
Y el hombre dijo:
—Hilandera,
¡te estoy mirando a la cara!
¡Qué bien se ve todo el mundo
por el cristal de las lágrimas!
Los caminos están frescos,
los campos verdes de agua;
hay un iris en las cosas,
que me las llena de gracia.”
La Hilandera - Andrés Eloy Blanco
Durante la semana leo dos libros. Uno de la masonería, súper interesante, uno de Savater; sobra decir que no solo interesante, sino un MUY BUEN libro. Don Fernando me regala dos cosas maravillosas que comparto gustoso con ustedes:
…Antes de contestarte me estaba acordando de otra definición de Bierce en su Diccionario de una de sus bestias negras, el abstemio, que dice: “Abstemio: Persona de carácter débil que cede a la tentación de privarse de un placer”…
¡Oh abstemios! ¡Qué cosa más simpática me resultan este tipo de personas!
Continúo con la segunda cosa que me encanto de este libro, esta vez no ya de boca de Don Fernando, pero de Germán Rey, quien nos dice:
“Ya para finalizar esta serie de conversaciones con Fernando Savater quisiera contar una historia que le sucedió a García Márquez cuando viajaba por un río cercano a Aracataca. Cuenta que de pronto empezaron a aparecer mariposas amarillas; el boga que iba describiendo el viaje – y que no sabía que García Márquez iba en su canoa – sintió que era pertinente hacer un comentario sobre ellas: ¡Ah, sí! Estas mariposas amarillas empezaron a existir desde que García Márquez escribió Cien años de soledad”
Me parece que es de lo más bello que le pueda suceder a un escritor, que influencie la realidad de los demás y que su realismo mágico modifique el entorno de sus lectores. Sin palabras.
Mi semana sigue adelante. Me levanto, trabajo, asisto a clases, etc… Inicio otro libro de Don Fernando, esta vez, uno dedicado al turf… El juego de los caballos…
Llega el viernes. Llamo a la puerta del pasado y me responde una bella voz. No soy bueno con el pasado y el pasado no me dice lo que quiero escuchar. Todo tiempo pasado es mejor, dicen. No lo sé. Espero que no. Adiós pasado, adiós.
Primer concierto de la temporada de la Orquesta Sinfónica Nacional. Tomo el programa y me llama poderosamente la atención el título de la primera obra… “Capricho Italiano, Op. 45”. Nunca la he escuchado, pero si es de Tchaikovsky debe de ser buena. En realidad el lego que se dirige a ustedes no conocía tampoco el resto del programa, un tal Dvorák (que desconozco como pronunciarlo) y mi querido Brahms, maestro al que admiro pero del que no conocía su Primera Sinfonía en Do menor, Op. 68.
Continúo con el programa. Bella sorpresa. ¡Muy bella! Las notas al programa las hace Don Jacques Sagot. ¿Y cómo se supone que no tuviera la risa de baboso si me lo imaginaba en el escenario explicando lo que me disponía a escuchar? Gracias Don Jacques, sus notas hicieron que apreciara mucho más lo que escuché y de alguna manera compensaron la nota suya que faltó en La Nación del día de hoy (lo escribo el domingo 09 de marzo del 2008).
Inicia el concierto. Chosei Komatsu sale con una sonrisa de oreja a oreja y por unas dos horas nos deleita con su magistral dirección. Mi favorita: “Capricho Italiano, Op. 45”.
¿En el intermedio que pasa? Pues me encuentro con mi querido Maestro de estudios del Medio Oriente, Don Roberto Marín Guzmán. Intercambiamos palabras brevemente con el compromiso de ir a tomar café una tarde de estas. ¡Que linda mi Costa Rica! Me encuentro en un gran concierto, con un gran programa, en un pequeño gran teatro y con un gran y querido maestro.
Después del concierto, y la nota cultural exploro un poco la vida nocturna de San José. Salgo con un buen amigo y me encuentro una muy buena amiga de casualidad. Buena noche.
El sábado. El sábado desayuno copiosamente con una gran amigo, con el Quinta siempre se pasa un rato agradable. Gentilmente me acompaña a recoger una serigrafía que le compré a Nela Salgado para mi bello sobrinito Sebastián. Regalo de su cumpleaños número tres. “Caballito azul” se llama. Primero de los muchos cuadros que deseo que llegue a tener, a querer y a apreciar.
Llego a mi casa, y ¡sorpresa! Sebas se encuentra de visita. Le doy su regalo, que de momento vé como algo disfuncional tal vez, y cumplo con mi promesa. Su primera obra de arte. ¡Tan linda Nelita! Como siempre, una bella obra suya en un bello marco suyo.
Continúo mi día y voy a donde Don Fabio Herrera. ¡Ja! Donde me ve me dice que por mi voz creía que era un “señorón”. Más tarde Priscilla me dice que eso solamente es una señal inequívoca de que soy un gran igualado. Veo sus cuadros. Mi visita coincide con la de un señor de apellido Pegels. Don Ulrich, me dice Don Fabio, es un coleccionista mío que tiene más de cien de mis cuadros… Ciento noventa Fabio… lo corrige gentilmente Don Ulrich, Sí Ulrich, ciento noventa son más de cien cuadros… reímos los tres…
Pienso que es surrealista que esté viviendo de primera mano este momento. Para ellos probablemente es su pan de cada día, ese ir y venir de gente “pudiente” y con muy buen gusto. Para mí, una persona amante del arte en todas sus expresiones, pero desafortunadamente sin los medios para saciar mi sed adquisitiva, es simplemente, uno de esos momentos que guardaré como una muy buena anécdota.
De la manera más gentil, Don Fabio me regala dos libros con algunas de sus obras… La Ventana al Futuro y Oliendo eso. Todo un caballero este Don Fabio.
Sigue mi día y asisto al Concierto de Manuel Obregón. Antes de ir a mi amado Teatro Nacional, asisto con Pri, compañera de infortunios, al Quinto Festival de Verano Transitarte. ¡Qué bueno mi Señor Alcalde! ¡Cómo nos alcahuetea a los que amamos el arte! En el Parque España adquiero unas cuantas obras de pequeño formato pero inmensa belleza. ¿Cómo no apoyar el arte local? En este momento pienso que me encantaría ser un Médici. Acaso un Capricho Italiano más…
Teatro Nacional. Engalanado de bellas luces de colores. Piano. Manuel Obregón. Buena noche.
Al final del recital, Obregón nos regala obras más conocidas y nos pide que cantemos. Me rehúso a hacerlo. Interpreta la Patriótica. Yo sí envidio los goces de Europa y la grandeza que en ella se encierra. No me molesta que la cante, en lo personal me encanta el ritmo. La letra, no la comparto en su totalidad.
Y sigue mi noche. Pri, Gabo, y un servidor. Llega mi primito. Pasamos una buena noche diciendo tonteras y riendo. Pri termina con el epíteto de “Agujero negro”. Ustedes saquen sus conclusiones. Pri anda de cabanga…Cabanga le digo… Ella me dice: “Ahí tenés para el siguiente blog”… Cabanga… linda palabra, evidentemente si me conocen bien sabrán que la tengo que buscar en el diccionario de la Academia, y ¡vaya sorpresa! Me dice lo siguiente: C. Rica. Melancolía, tenue tristeza, añoranza, nostalgia. De Tiquicia. No es como la areté de los griegos, en este caso la “cabangé” o mucho menos del latín “cabangius”. Es la puritica cabanga…
Río, reímos mucho. Me llama poderosamente la atención que uno de los participantes de la risa colectiva haya resuelto que ya sabe lo que quiere hacer de su vida… “Quiero ser Hugo Chávez”… Jajajajajaja! Dictador… yo en lo personal, dada la oportunidad, preferiría ser Fidel, pero bueno, cada cabeza es un mundo. Nota: Siendo Fidel JAMÁS abría dejado de fumar habanos.
Sigue mi fin de semana. Domingo. Nace mi segundo sobrinito. Federico. Ser tío me encanta. Bienvenido al mundo criatura del amor. Te deseo lo mejor. Me levanto, baño y desayuno. Llamo a mi padre para que me acompañe al ritual del recién nacido. Vamos a la Universal, a al Casa de las Revistas y al Automercado y le compro a mi sobrinito nuevo, repitiendo lo hecho en el pasado a su hermanito Sebas, periódicos y revistas del día en que nace. Revistas de bicicletas, porno, actualidad mundial, revistas, etc. Todas formarán unos bellos tomos que leeré con él en un futuro.
Nos dirigimos a la clínica. Subimos al quinto piso. Cuarto 505. Conozco a Federico. Se me humedecen los ojos al ver esa criatura tan bella. Lo alzo en mis brazos. Le doy besos. Le hablo. Le doy la bienvenida al mundo. Celebro su nacimiento. Sebas y Fede, sobrinitos de lujo. Felicito a mi amada hermana y a mi cuñado. Gracias a los dos por dejarme participar del milagro del amor.
“La vida es buena, Hilandera,
la vida no tiene zarzas;
¡quítame la larga venda
que me pusiste en la cara!
Y ella le quitó la venda
y la Hilandera lloraba
y se estuvieron mirando
por el cristal de las lágrimas
y el amor, entre sus ojos,
hilaba...”
La Hilandera - Andrés Eloy Blanco
Sigue mi día. Feria del arte en la plaza de San Rafael de Escazú. Poderoso señor es don Dinero nos decía Quevedo, si mi memoria no me falla.
Amighetti. Valverde. Herrera. Fernádez, etc. Mucho gusto, poco poder adquisitivo. Priscilla vé una obra de Don Adrián Gómez que le gusta. Es una bella serigrafía. No es de sus famosas negritas, no. Pero puede que en eso radique su belleza. Tira. Encoge. Regateo. Obra cara. Continuamos nuestro camino.
Toldos más, toldos menos, vemos el del mismísimo Don Adrián. Entramos. Don Adrián responde preguntas de esos compradores que aparentan comprar porque pueden y no necesariamente porque aprecian la belleza de sus obras. Una señora quiere enmarcar un bello cuadro que no necesita tal cosa. Vemos sus obras. ¡Sorpresa! Don Adrián tiene la obra que toldos atrás le gustó a Pri.
Don Adrián sigue atendiendo a la gente que entra. Al rato se percata de nuestra presencia, y como todo un caballero llega, nos saluda, y nos dedica su valioso tiempo. ¿Cuánto cuesta? Tanto. Pero se la puedo dejar más barata porque está un poco sucia. Ya no es una, son dos. Ojos brillan. Se las puedo tratar de limpiar un poco, nos dice. Son dos obras, evidentemente yo también quiero una. No están dañadas, Don Adrián las deja como nuevas. No solamente las deja como nuevas, prácticamente nos regala las serigrafías. Compramos dos bellas obras a un gran precio y conocimos otro caballero más del panorama artístico costarricense.
Sigue el domingo. Teatro Melico Salazar. Teatro Negro de Praga. Otro buen día. “Pequeño teatro de grandes milagros. Fiesta de la fantasía y sueños humanos en contraste con el mundo caótico de hoy día, pues la fantasía es el principio del Teatro Negro.” Simplemente me encantan los programas y lo que ellos dicen. Excelente función.
Salimos de la función. Quinto Festival de Verano Transitarte versión II. El desquite. Compro un par de obras más y una escultura de metal, pequeña, muy pequeña. Mientras escribo esto volteo mi cara a lado derecho. Observo mi mesita de noche. Veo un herrero. Me detengo. Sonrío. Continúo escribiendo. Porque la vida es un sueño, y los sueños, sueños son. ¡Qué bella es la vida!
Caminamos al parqueo. San José de noche. “Son de Tikizia” en el Templo de la Música. Miles de de miles de tiras plásticas multicolor son lanzadas en el preciso instante en el que pasamos por el Morazán. No era un momento Kodak. Era un momento Amelie. Coronado de seguido por un espectacular juego de pólvora.
La vida es bella. Costa Rica, país de pequeñas bellas sorpresas. País de contrastes. País de microclimas, no solo naturales, también artísticos. Hoy, solamente hoy, puede que no envidie tanto los goces de Europa.
jueves, 21 de febrero de 2008
De los tipos y tipejos.
Siguiendo con la tónica de las últimas semanas, hoy me aventuro por el pedido de Pri, la del mundo de las mariposas, y honro lo prometido. En este caso en particular, ella quería que no utilizara la definición de la RAE, y con esto en mente, me propuso hablar de los "tipejos".
¿Por qué de los tipejos? Pues en su inherente naturaleza tipeja, ella me ha endosado a mí el epíteto de marras.
Pero, según la RAE, ¿qué es un tipejo? Pues bien, es una persona ridícula y despreciable.
Hablemos de los tipos también, del latín typus, y este del griego τύπος. Un tipo es un modelo, ejemplar. Puede ser un símbolo representativo de algo figurado. También se dice de aquello que es "clase, índole, naturaleza de las cosas." Entre otras cosas puede ser una pieza de la imprenta y de la máquina de escribir en que está de realce una letra u otro signo. Asimismo puede ser una persona extraña y singular. Se dice también de un individuo, hombre, y por extensión de la mujer, en sentido despectivo: Aquel tipo ni me miró. Desde el punto de vista legal, específicamente en la legislación penal o sancionatoria, es la definición por la ley de una conducta a efectos de la imposición de la pena o sanción correspondiente. Numismáticamente hablando, es la figura principal de una moneda o medalla.
Tenemos los tipos de cambio, o sea, el valor de las monedas de diferentes países. O bien, ser alguien mi, tu, su, tipo, lo que se traduce en reunir las cualidades necesarias para gustar a la persona a la que se refiere el posesivo. No es mi tipo. Soy tu tipo. ¡Tú! ¡Tú! ¡Tú!, ¿qué clase de tipo eres? ¿Porque me lo preguntas? ¡Eso no lo diré!... ¿Quién no se acuerda de Topo Gigio?
Pero bueno, ya que hablamos de tipos y tipejos, explicamos el porque del tema. Es algo recurrente que en las conversaciones que sostenemos, el doble sentido aflora en su máxima expresión. Es algo muy de amigos de la universidad. Lo que sucede en nuestro caso es que lo llevamos al siguiente nivel, y usualmente se sale de proporciones.
Pero, ¿por qué el doble sentido? He descubierto que no es algo exclusivo de aquellos que estudiamos derecho, no. Es algo que se da en cualquier gremio, y que con la picardía del ser costarricense, se disfruta bastante.
Recuerdo en mis clases de derecho cuando veíamos a una "señorita" y queríamos "hacer la puesta en posesión", o bien, cuando alguna vivía muy lejos, nos daba pereza, y "comisionábamos a la autoridad correspondiente". Así como estaba el "animus necandi" del derecho penal, teníamos el "animus bebendi", el "animus ligandi", el "animus cog...", ustedes ya ven por donde va ¿no?
Cuando estaba planeando mi viaje a Italia le decía a mis amigas, y recuerdo que específicamente se lo dije primero a Pri: Vamos a conmigo... vamos a Nápoles, y vamos a Napolear; vamos a Roma, y vamos a Romear, vamos a Venecia, y nos vamos a Veneciar, y... ¿cómo ir a Italia sin ir a Pisa? ¡Vamos a Pisa y nos vamos a...!
En clases de mecánica recuerdo de compañeros que querían "tramar" a las de "secretariado bilingüe", o bien, "destramarlas". En clases de Cisco todos le queríamos hacer "ping" a Susana (y ella lo sabía y le gustaba sentirse deseada). Gastronómicamente hablando, ¿cuántas veces no hemos ofrecido penne o linguini pensando en otra cosa? ¿Cuántas veces cuando vamos a restaurante peruano y pedimos choritos a la chalaca y en realidad lo que queremos es "nuestro" chorito en la "chalaca" de quien nos acompaña?
¿Acaso eso me hace ser un tipejo? Aparentemente sí, pero lejos de negar mi condición, la asumo con mucha honra y simpatía. ¿Acaso en estas conversaciones entre amigos no se nos permite todo este tipo de licencias? ¿No es curioso decir tonteras con algún dejo cultural?
Me recuerdo de la Botero chick, por ejemplo, una amiga digna de ser musa de don Fernando. La otra amiga de un buen amigo que era toda una Venus, pero lejos de serlo de de Milo lo era de Willendorf. ¿Será que estas comparaciones me hacen más tipejo aun?
Estoy seguro que en la intimidad de nuestros pensamientos somos capaces de hacer y de decir miles de cosas. Pocos las externamos. Pocos las ilustramos tan particularmente.
¿Seré acaso más tipejo por no soportar que en una cita le digan "quequillo" a un tiramisú? ¿O que le digan Mc Sher a M. C. Escher? ¡O peor aún, por escribirlo acá!
Como dice mi amado Sabina: "A no ser el tipejo ese del espejo que me vacila cantidad, a veces me hace un corte de manga y me dice, no hay quien te soporte chaval."
Cogito, ergo sum. Homo Sum: humani nil a me alienum puto. ¡Ay dios! ¡Esto de pensar y ser, y de ser hombre y tratar de mantenerse al tanto de las cosas humanas porque nada de ellas me es ajeno! ¿Es criticidad? ¿Será falta de tolerancia? No lo sé. Solo sé que por medio de un torcido sentido del humor las cosas son más fáciles. Son más llevaderas.
Yo sueño que estoy aquí de estas prisiones cargado, y soñé que en otro estado más lisonjero me ví. ¿Seremos los tipejos de este mundo los nuevos Segismundos? Será la estulticia ajena, o bien la propia, no lo sé. Pero el ser un tipejo, a ratos ordinario, a ratos con cierta aspiración de culto, y expresar de una manera particular su pensar hace que los días se hagan más llevaderos.
De tipejo a tipeja, ojala que lo hayás disfrutado.
viernes, 15 de febrero de 2008
De los besos.
Los besos, del latín basĭum, voz de origen celta. Un beso es la acción y efecto de besar. Besar viene del latín basiāre, y es tocar u oprimir con un movimiento de labios, a impulso del amor o del deseo o en señal de amistad o reverencia.
Según el diccionario, tenemos besos de Judas, que son aquellos besos u otras manifestaciones de afecto que encubren traición. Esta el beso de paz, que se da en muestra de cariño y amistad. Tenemos también el beso volado, que es aquél que se da a la distancia con el gesto de los labios y un ademán de la mano. Según la RAE también existe la posibilidad de comerse a besos a alguien, que consiste en besar a alguien con repetición y vehemencia.
Una vez aclarado el tema de esta semana, pido las disculpas del caso no solo por el atraso, pero también por el tema seleccionado. ¿Acaso no nos han bombardeado ya lo suficiente con esto de San Valentín? Pues no. Siempre queda espacio para algo más. Además, no lo ligaré directamente con esta fecha, antes bien, me dedicaré como siempre a deambular por los extraños pasillos de mi mente, donde las cosas no son siempre lo que parecen ser y además hay cosas que no suelen estar en los pasillos mentales de ustedes. Es un problema de imaginación, que no de ocio, pues no tengo otra manera de explicarlo.
Aquellos que me conocen, saben que tiendo a utilizar la palabra “detalle” muy a menudo. Eso es un detallazo, aquello es un detallito, esto es un buen detalle, en fin, una palabra muy usada y aplicada a diferentes áreas. De esto se iba a tratar originalmente el tema de la semana, pero ¿es que acaso los besos no son un detallazo? Este tema se lo debo a Gabo, que en una de esas conversaciones que solemos sostener me sugirió lo siguiente: …de los besos... los que importan, los que no, los ricos, los más ricos... los de vida, los de muerte... los de los abuelos... los de los amigos…
Empezaremos pues, describiendo los que nos sugiere…
De los que importan y de los que no. ¡Qué difícil que no importe un beso! Pero bien, los hay. Hay besos que damos en la mejilla a desconocidos que probablemente no volveremos a ver. Hay besos que damos para no combatir la soledad de la manera apropiada. Hay besos que damos para ocultar un disgusto, o bien, para evitar decir algo que generará uno. Hay besos que simplemente los hemos dado porque teníamos ganas de besar. No nos interesa la continuidad en el tiempo de esos besos, era el besar por besar.
Tal y como algunos no nos importan, a otros les damos mucha importancia. ¿Qué tal ese beso de la mujer que hemos tratado de conquistar y finalmente accede al contacto labial, preludio de lo que esperamos sean muchas cosas mas? Y que de los besos que sin esperar recibirlos, nos honran con su presencia. Esos besos que lo dejan a uno boquiabierto, talvez perplejo, acaso deseando otro.
¡De los ricos y de los más ricos! ¡Esos son de los que simplemente no nos queremos deshacer, o que más bien nos deshacen! Son aquellos que nos dejan esa sensación de eterna humedad al contacto. Del roce más puro pero a la vez el más mundano. Esos besos con deseo y con carácter. Esos besos que nos dejan queriendo aún más. Esos besos en que la humedad de la lengua es precedida por el aire de nuestra respiración. Esos besos que intentan apagar el deseo de aquello que les precede.
Los de la vida y los de la muerte. ¿Por qué me tienen que dar una palmada en la nalga cuando nazco y no un beso de recibimiento? Ese sería un buen beso de “vida”. Otro beso de vida es el que se da primero en una cita, desencadena en un noviazgo, desenlaza en un matrimonio y posteriormente culmina en el milagro de la paternidad. ¿No es ese un beso de vida? Generó una vida después de todo. Los hay que nos sacan de un estado catatónico para llevarnos de vuelta a la vida. Los de la muerte… esos son muy particulares… no puedo evitar recordar el famoso beso de la muerte de la mafia, pero también están esos que le damos a quienes están a punto de morir o los que recibimos de ellos.
Sucede un fenómeno muy particular, la presencia de múltiples características en un mismo beso. Y eso lo traigo a colación a raíz de los besos de la muerte. Tenemos los besos de la despedida. Ese beso que es el cierre o el adiós definitivo. Ese beso no solo es el beso de la despedida, es el beso de la muerte, al menos de una muerte temporal, si es que existe tal cosa, y a la vez es un beso que nos importa. Tenemos así, que las características de los besos no son excluyentes entre sí, antes bien, pueden ser complementarias.
De los abuelos, pero no solo de ellos, sino de las madres, o de esa familia allegada y querida que lo hace a uno sentirse bien. Bien podría hablarse del de los hijos para con sus padres, o bien, de los que me da mi bello sobrinito cuando me dice “te amo tío”. Yo en lo personal hablaría de los besos familiares, pero bien, la referencia de Gabriel me hace recordar los que me daba mi abuelo antes de morir.
Los de los amigos. Acá ya llegamos a un terreno difícil de describir. Tenemos esos besos dados y recibidos por y para amistades por motivos de “amistad” pura y simple, y tenemos aquellos que son buscando algo más. Estoy seguro que todos hemos pasado por eso. Conociendo al Gabo, asumo que cuando me lo mencionó se refería a los de amistad pura y simple, pero… ¿será acaso que en estos diez años de conocerlo nunca me he dado cuenta de que también él ha sido participe de los segundos? (No hay afán de sacar trapos sucios, pero en realidad no pude resistir el poner ese comentario y esperar la nota haciendo uso del “derecho de respuesta” líneas mas abajo).
Sigamos.
Existen besos muy famosos, como el de la bella fotografía de Doisneau, o bien el hermoso beso de Klimt. También tenemos la definición simplista de Louis Armstrong en su canción “As Time Goes By”: “A kiss is just a kiss”, ¿qué más se puede decir al respecto?
Pues Joaquinito nos responde: Tenemos el milagro de los besos robados; los besos con sal; los besos que te los dan y resucitan a un muerto; o los que te dan las chicas malas que salen más caros cuando los regalan y huelen a fracaso… Están los besos que perdí, por no saber decir: “te necesito”… En fin, el genio de Úbeda nos da esos aportes, podría buscar más, pero ya es suficiente. Basta de él.
Tenemos los besitos de Hershey, o bien “i bacci Perugina”. Un beso que no me termina de gustar es ese que llaman esquimal, actividad que, para mi gusto personal, es mal llamada beso, pero que no atiende a lo que buscamos describir acá.
Podríamos hablar de los estadounidenses y su “K.I.S.S. technique”, que viene a ser el “Keep It Simple Stupid”, pero bueno, solo ellos desvirtúan y minimalizan algo tan lindo, significativo e importante como un beso en algo como lo recién mencionado.
Luego de eso tenemos esos que besan el suelo, no solo cuando se llega a algún lugar, sino que se deja decir que besa el suelo por donde fulano o sutano camina. Esas son personas que no tienen mejores cosas que besar, o más bien, que quieren besar algo peor por falta de amor propio. Esos son los besa culos.
Podríamos hablar de los besos en la mano, de los besos en el cuello, o bien de los besos al aire, pero en realidad ya todos estamos familiarizados con ellos.
Hablemos pues, de unos besos que a mí me llaman la atención y que son producto de la televisión:
El beso sin gracia: es el beso donde “besador y besada” solamente tocan la boca del uno y de la otra. No hay movimiento. Solamente se tocan los labios. Es el beso de las películas viejas donde “él” se limitaba a tomar fuertemente de los hombros a “ella”, como si fuera un objeto inanimado, y se la acerca para la unión labial “sin gracia”.
El beso de morsa: quien haya visto “50 first dates” y no lo haya visto esta muy mal. Es el beso de “piquito” que se da y ambos, el besador y la besada mueven la cabeza para lugares opuestos. Ese beso es además sonoro, pues quienes participan del mismo tienen que hacer el sonido del “mmmmmmmmmua” al finalizar el mismo.
Besos, besotes, besitos. Importantes o no. Insípidos y sin gracia o bien, ricos o mas ricos. Oportunos o inoportunos. Prologados o cortos. A escondidas o en público. A kiss is just a kiss… ¿no?
Solo por ser el tema de hoy, me despido de ustedes no con un abrazo, pero de un abrazo acompañado de un beso.
Según el diccionario, tenemos besos de Judas, que son aquellos besos u otras manifestaciones de afecto que encubren traición. Esta el beso de paz, que se da en muestra de cariño y amistad. Tenemos también el beso volado, que es aquél que se da a la distancia con el gesto de los labios y un ademán de la mano. Según la RAE también existe la posibilidad de comerse a besos a alguien, que consiste en besar a alguien con repetición y vehemencia.
Una vez aclarado el tema de esta semana, pido las disculpas del caso no solo por el atraso, pero también por el tema seleccionado. ¿Acaso no nos han bombardeado ya lo suficiente con esto de San Valentín? Pues no. Siempre queda espacio para algo más. Además, no lo ligaré directamente con esta fecha, antes bien, me dedicaré como siempre a deambular por los extraños pasillos de mi mente, donde las cosas no son siempre lo que parecen ser y además hay cosas que no suelen estar en los pasillos mentales de ustedes. Es un problema de imaginación, que no de ocio, pues no tengo otra manera de explicarlo.
Aquellos que me conocen, saben que tiendo a utilizar la palabra “detalle” muy a menudo. Eso es un detallazo, aquello es un detallito, esto es un buen detalle, en fin, una palabra muy usada y aplicada a diferentes áreas. De esto se iba a tratar originalmente el tema de la semana, pero ¿es que acaso los besos no son un detallazo? Este tema se lo debo a Gabo, que en una de esas conversaciones que solemos sostener me sugirió lo siguiente: …de los besos... los que importan, los que no, los ricos, los más ricos... los de vida, los de muerte... los de los abuelos... los de los amigos…
Empezaremos pues, describiendo los que nos sugiere…
De los que importan y de los que no. ¡Qué difícil que no importe un beso! Pero bien, los hay. Hay besos que damos en la mejilla a desconocidos que probablemente no volveremos a ver. Hay besos que damos para no combatir la soledad de la manera apropiada. Hay besos que damos para ocultar un disgusto, o bien, para evitar decir algo que generará uno. Hay besos que simplemente los hemos dado porque teníamos ganas de besar. No nos interesa la continuidad en el tiempo de esos besos, era el besar por besar.
Tal y como algunos no nos importan, a otros les damos mucha importancia. ¿Qué tal ese beso de la mujer que hemos tratado de conquistar y finalmente accede al contacto labial, preludio de lo que esperamos sean muchas cosas mas? Y que de los besos que sin esperar recibirlos, nos honran con su presencia. Esos besos que lo dejan a uno boquiabierto, talvez perplejo, acaso deseando otro.
¡De los ricos y de los más ricos! ¡Esos son de los que simplemente no nos queremos deshacer, o que más bien nos deshacen! Son aquellos que nos dejan esa sensación de eterna humedad al contacto. Del roce más puro pero a la vez el más mundano. Esos besos con deseo y con carácter. Esos besos que nos dejan queriendo aún más. Esos besos en que la humedad de la lengua es precedida por el aire de nuestra respiración. Esos besos que intentan apagar el deseo de aquello que les precede.
Los de la vida y los de la muerte. ¿Por qué me tienen que dar una palmada en la nalga cuando nazco y no un beso de recibimiento? Ese sería un buen beso de “vida”. Otro beso de vida es el que se da primero en una cita, desencadena en un noviazgo, desenlaza en un matrimonio y posteriormente culmina en el milagro de la paternidad. ¿No es ese un beso de vida? Generó una vida después de todo. Los hay que nos sacan de un estado catatónico para llevarnos de vuelta a la vida. Los de la muerte… esos son muy particulares… no puedo evitar recordar el famoso beso de la muerte de la mafia, pero también están esos que le damos a quienes están a punto de morir o los que recibimos de ellos.
Sucede un fenómeno muy particular, la presencia de múltiples características en un mismo beso. Y eso lo traigo a colación a raíz de los besos de la muerte. Tenemos los besos de la despedida. Ese beso que es el cierre o el adiós definitivo. Ese beso no solo es el beso de la despedida, es el beso de la muerte, al menos de una muerte temporal, si es que existe tal cosa, y a la vez es un beso que nos importa. Tenemos así, que las características de los besos no son excluyentes entre sí, antes bien, pueden ser complementarias.
De los abuelos, pero no solo de ellos, sino de las madres, o de esa familia allegada y querida que lo hace a uno sentirse bien. Bien podría hablarse del de los hijos para con sus padres, o bien, de los que me da mi bello sobrinito cuando me dice “te amo tío”. Yo en lo personal hablaría de los besos familiares, pero bien, la referencia de Gabriel me hace recordar los que me daba mi abuelo antes de morir.
Los de los amigos. Acá ya llegamos a un terreno difícil de describir. Tenemos esos besos dados y recibidos por y para amistades por motivos de “amistad” pura y simple, y tenemos aquellos que son buscando algo más. Estoy seguro que todos hemos pasado por eso. Conociendo al Gabo, asumo que cuando me lo mencionó se refería a los de amistad pura y simple, pero… ¿será acaso que en estos diez años de conocerlo nunca me he dado cuenta de que también él ha sido participe de los segundos? (No hay afán de sacar trapos sucios, pero en realidad no pude resistir el poner ese comentario y esperar la nota haciendo uso del “derecho de respuesta” líneas mas abajo).
Sigamos.
Existen besos muy famosos, como el de la bella fotografía de Doisneau, o bien el hermoso beso de Klimt. También tenemos la definición simplista de Louis Armstrong en su canción “As Time Goes By”: “A kiss is just a kiss”, ¿qué más se puede decir al respecto?
Pues Joaquinito nos responde: Tenemos el milagro de los besos robados; los besos con sal; los besos que te los dan y resucitan a un muerto; o los que te dan las chicas malas que salen más caros cuando los regalan y huelen a fracaso… Están los besos que perdí, por no saber decir: “te necesito”… En fin, el genio de Úbeda nos da esos aportes, podría buscar más, pero ya es suficiente. Basta de él.
Tenemos los besitos de Hershey, o bien “i bacci Perugina”. Un beso que no me termina de gustar es ese que llaman esquimal, actividad que, para mi gusto personal, es mal llamada beso, pero que no atiende a lo que buscamos describir acá.
Podríamos hablar de los estadounidenses y su “K.I.S.S. technique”, que viene a ser el “Keep It Simple Stupid”, pero bueno, solo ellos desvirtúan y minimalizan algo tan lindo, significativo e importante como un beso en algo como lo recién mencionado.
Luego de eso tenemos esos que besan el suelo, no solo cuando se llega a algún lugar, sino que se deja decir que besa el suelo por donde fulano o sutano camina. Esas son personas que no tienen mejores cosas que besar, o más bien, que quieren besar algo peor por falta de amor propio. Esos son los besa culos.
Podríamos hablar de los besos en la mano, de los besos en el cuello, o bien de los besos al aire, pero en realidad ya todos estamos familiarizados con ellos.
Hablemos pues, de unos besos que a mí me llaman la atención y que son producto de la televisión:
El beso sin gracia: es el beso donde “besador y besada” solamente tocan la boca del uno y de la otra. No hay movimiento. Solamente se tocan los labios. Es el beso de las películas viejas donde “él” se limitaba a tomar fuertemente de los hombros a “ella”, como si fuera un objeto inanimado, y se la acerca para la unión labial “sin gracia”.
El beso de morsa: quien haya visto “50 first dates” y no lo haya visto esta muy mal. Es el beso de “piquito” que se da y ambos, el besador y la besada mueven la cabeza para lugares opuestos. Ese beso es además sonoro, pues quienes participan del mismo tienen que hacer el sonido del “mmmmmmmmmua” al finalizar el mismo.
Besos, besotes, besitos. Importantes o no. Insípidos y sin gracia o bien, ricos o mas ricos. Oportunos o inoportunos. Prologados o cortos. A escondidas o en público. A kiss is just a kiss… ¿no?
Solo por ser el tema de hoy, me despido de ustedes no con un abrazo, pero de un abrazo acompañado de un beso.
lunes, 4 de febrero de 2008
De las sonrisas.
Alita, una gran amiga, me dice que la sonrisa es algo que tiene que ver con ella. Pues bien, como suelo tratar de hacer, acá honro lo dicho, y entonces escribo sobre las sonrisas.
La sonrisa es la acción y efecto de sonreír. Sonreír viene del latín subridere, que es reírse un poco o levemente, y sin ruido. ¿Qué es la risa? La risa es un movimiento de la boca y otras partes del rostro, que demuestra alegría. Y, ¿la carcajada? Es una risa impetuosa y ruidosa. Sonreír, reír o carcajearse. De eso les hablo hoy.
Risueña. Una persona risueña es aquella que demuestra risa en el semblante, bien puede ser una persona que se ríe con facilidad. Puede ser finalmente un aspecto deleitable, o capaz, por alguna circunstancia, de infundir gozo o alegría.
Sonrisa. Risueña. ¡Estas palabras no me calzan! De alguna u otra forma relaciono más la palabra “risueño” con “sueño” que con “risa”. El sueño viene del latín somnus, y nos dice el diccionario que es el acto de dormir. Puede ser asimismo, el acto de representarse en la fantasía de alguien, mientras duerme, sucesos o imágenes. ¿Acaso nunca se han despertado con una gran sonrisa después de un muy buen sueño?
Risueño es diferente a risible. Risible viene del latín risibilis y significa que es capaz de reírse, o bien, que causa risa o es digno de ella. Esta palabra en particular me está dando más problemas de los anticipados, pues resulta que “irrisible” (que viene del latín irrisibilis) lejos de ser alguien incapaz de reírse, o que no causa risa o es indigno de ella; significa que algo es digno de risa y desprecio.
Tenemos no solo la risa, pero también el riso. Viene del latín risus, y es una especie de “risa apacible”. Es la primera vez que escucho (¿leo quizá?) esto de que riso es risa. Si alguien me dice que le dio un ataque de risa le digo que comparta, ¡así reiremos los dos!, pero si alguien me dijera que le dio un “ataque de riso” ¡no sé como podría reaccionar!
Tenemos memoria, tenemos amigos, tenemos los trenes, la risa, los bares… ¡Tenemos la risa! Si la risa es digna de ser incluida como uno más de los motivos para no cortarse de un tajo las venas, ¡pues por algo será!
La sonrisa. Para tener una sonrisa creo que es necesario tener un buen humor. En el inventario de características de autorrealización de Maslow, el “Sentido del Humor” fue la calificación mas alta que obtuve (si, incluso por encima de las “Creencias Democráticas”) ¿Preocupante? No.
Hay muchas sonrisas. Estaba repasando el contenido de mi blog, y es curioso la cantidad de veces que menciono la palabra. En “Una parte de mí” deseaba dejarles sonrisas; cuando hablo de mi amado abuelo, no puedo dejar de mencionar la sonrisa que me regalaba; no puedo olvidar la “sonrisa de astuto” del inútil de la Fischel; o “tu sonrisa dormida en mi recuerdo” de Buesa. Gabo en El amor en los tiempos del cólera la utiliza como una “respuesta”; yo la veo como felicidad. Hace poco también hable de “sonrisas cómplices” o bien, de ellas como un mero objeto de robo. ¿No son lindas las sonrisas?
En este momento se me dificulta escribir de la sonrisa. Pienso en la sonrisa suya cuando le responden el “buenos días”; en la sonrisa suya cuando llegó al banco y no había fila; en la sonrisa suya cuando esa persona con la que flirteaba le respondió de vuelta; en la sonrisa suya cuando le aprobaron esas vacaciones para poder escaparse; en la sonrisa suya después de obtener ese primer beso; en la sonrisa suya en ese jugueteo inocente, ¡y en la sonrisa suya cuando se da cuenta que no era tan inocente! Pienso en esa sonrisa provocada por el encontrar un libro luego de siete años de larga búsqueda (Terra Nostra de Carlos Fuentes), o bien por ese cuadro de Nela Salgado que es solamente el augurio de lo que resultó ser un muy buen día. Pienso en la sonrisa suya cuando lea estas líneas y piense: ¡Sí! Fijo no tenía mas escribir y no le quedó más que enumerar sonrisas.
Así como creo que hay diferentes tipos de hambres, insisto en que hay diferentes tipos de sonrisas. Tenemos sonrisas académicas, de esas que salen a flote cuando tenemos una muy buena nota, o bien cuando nuestro profesor no es tal, antes bien es todo un “maestro”. Tenemos las sonrisas laborales, esas que hacemos en los pasillos frente a desconocidos unidos bajo un mismo techo y un mismo gafete. Tenemos las sonrisas ligadoras, esas que forman un camanance en la mejilla y hacen juego con los ojos del deseo. Existen las sonrisas pre-coitales, que dejan ver un lado muy humano de la persona, y por supuesto las post-coitales, que han conocido ya la humanidad de su contraparte. Pueden haber sonrisas fingidas (ojala no acompañadas de un orgasmo fingido), pero de esas no quiero hablar. Existen las sonrisas bondadosas y las de cariño. También las hay de burla, o de complicidad, como he anotado con anterioridad. Sonrisas, tantas como situaciones hay.
Tipos de sonrisas, tipos de hambres, tipos de puntos, tipos de lágrimas, tipos de amores, tipos de robos, tipos de besos… ¡Tipos de tipos! Estas “tipologías” devienen de un incontrolable afán “inventariador”. Un afán que me hace sonreír. Un afán que me hace feliz.
Para terminar, les comparto una sonrisa, o bien, una risa única. La sonrisa “localizadora”. Es la sonrisa que un gran amigo italiano le pide a su compañera dominicana: “Ridi ridi, che non ti vedo”. ¡Ríe, ríe, que no te veo!
La sonrisa es la acción y efecto de sonreír. Sonreír viene del latín subridere, que es reírse un poco o levemente, y sin ruido. ¿Qué es la risa? La risa es un movimiento de la boca y otras partes del rostro, que demuestra alegría. Y, ¿la carcajada? Es una risa impetuosa y ruidosa. Sonreír, reír o carcajearse. De eso les hablo hoy.
Risueña. Una persona risueña es aquella que demuestra risa en el semblante, bien puede ser una persona que se ríe con facilidad. Puede ser finalmente un aspecto deleitable, o capaz, por alguna circunstancia, de infundir gozo o alegría.
Sonrisa. Risueña. ¡Estas palabras no me calzan! De alguna u otra forma relaciono más la palabra “risueño” con “sueño” que con “risa”. El sueño viene del latín somnus, y nos dice el diccionario que es el acto de dormir. Puede ser asimismo, el acto de representarse en la fantasía de alguien, mientras duerme, sucesos o imágenes. ¿Acaso nunca se han despertado con una gran sonrisa después de un muy buen sueño?
Risueño es diferente a risible. Risible viene del latín risibilis y significa que es capaz de reírse, o bien, que causa risa o es digno de ella. Esta palabra en particular me está dando más problemas de los anticipados, pues resulta que “irrisible” (que viene del latín irrisibilis) lejos de ser alguien incapaz de reírse, o que no causa risa o es indigno de ella; significa que algo es digno de risa y desprecio.
Tenemos no solo la risa, pero también el riso. Viene del latín risus, y es una especie de “risa apacible”. Es la primera vez que escucho (¿leo quizá?) esto de que riso es risa. Si alguien me dice que le dio un ataque de risa le digo que comparta, ¡así reiremos los dos!, pero si alguien me dijera que le dio un “ataque de riso” ¡no sé como podría reaccionar!
Tenemos memoria, tenemos amigos, tenemos los trenes, la risa, los bares… ¡Tenemos la risa! Si la risa es digna de ser incluida como uno más de los motivos para no cortarse de un tajo las venas, ¡pues por algo será!
La sonrisa. Para tener una sonrisa creo que es necesario tener un buen humor. En el inventario de características de autorrealización de Maslow, el “Sentido del Humor” fue la calificación mas alta que obtuve (si, incluso por encima de las “Creencias Democráticas”) ¿Preocupante? No.
Hay muchas sonrisas. Estaba repasando el contenido de mi blog, y es curioso la cantidad de veces que menciono la palabra. En “Una parte de mí” deseaba dejarles sonrisas; cuando hablo de mi amado abuelo, no puedo dejar de mencionar la sonrisa que me regalaba; no puedo olvidar la “sonrisa de astuto” del inútil de la Fischel; o “tu sonrisa dormida en mi recuerdo” de Buesa. Gabo en El amor en los tiempos del cólera la utiliza como una “respuesta”; yo la veo como felicidad. Hace poco también hable de “sonrisas cómplices” o bien, de ellas como un mero objeto de robo. ¿No son lindas las sonrisas?
En este momento se me dificulta escribir de la sonrisa. Pienso en la sonrisa suya cuando le responden el “buenos días”; en la sonrisa suya cuando llegó al banco y no había fila; en la sonrisa suya cuando esa persona con la que flirteaba le respondió de vuelta; en la sonrisa suya cuando le aprobaron esas vacaciones para poder escaparse; en la sonrisa suya después de obtener ese primer beso; en la sonrisa suya en ese jugueteo inocente, ¡y en la sonrisa suya cuando se da cuenta que no era tan inocente! Pienso en esa sonrisa provocada por el encontrar un libro luego de siete años de larga búsqueda (Terra Nostra de Carlos Fuentes), o bien por ese cuadro de Nela Salgado que es solamente el augurio de lo que resultó ser un muy buen día. Pienso en la sonrisa suya cuando lea estas líneas y piense: ¡Sí! Fijo no tenía mas escribir y no le quedó más que enumerar sonrisas.
Así como creo que hay diferentes tipos de hambres, insisto en que hay diferentes tipos de sonrisas. Tenemos sonrisas académicas, de esas que salen a flote cuando tenemos una muy buena nota, o bien cuando nuestro profesor no es tal, antes bien es todo un “maestro”. Tenemos las sonrisas laborales, esas que hacemos en los pasillos frente a desconocidos unidos bajo un mismo techo y un mismo gafete. Tenemos las sonrisas ligadoras, esas que forman un camanance en la mejilla y hacen juego con los ojos del deseo. Existen las sonrisas pre-coitales, que dejan ver un lado muy humano de la persona, y por supuesto las post-coitales, que han conocido ya la humanidad de su contraparte. Pueden haber sonrisas fingidas (ojala no acompañadas de un orgasmo fingido), pero de esas no quiero hablar. Existen las sonrisas bondadosas y las de cariño. También las hay de burla, o de complicidad, como he anotado con anterioridad. Sonrisas, tantas como situaciones hay.
Tipos de sonrisas, tipos de hambres, tipos de puntos, tipos de lágrimas, tipos de amores, tipos de robos, tipos de besos… ¡Tipos de tipos! Estas “tipologías” devienen de un incontrolable afán “inventariador”. Un afán que me hace sonreír. Un afán que me hace feliz.
Para terminar, les comparto una sonrisa, o bien, una risa única. La sonrisa “localizadora”. Es la sonrisa que un gran amigo italiano le pide a su compañera dominicana: “Ridi ridi, che non ti vedo”. ¡Ríe, ríe, que no te veo!
lunes, 28 de enero de 2008
Del robar.
Robar viene del latín vulgar “raubare”, y este del germánico “raubon”: saquear, arrebatar. El robar es pues, quitar o tomar para sí con violencia o con fuerza lo ajeno. Tomar para sí lo ajeno. Atraer con eficacia y como violentamente el afecto o ánimo. Robar el corazón, el alma. (Todo esto nos lo dice la Real Academia Española).
Alguien que roba es un “robador”. ¿Robador? No me gusta mucho. Utilicemos mejor la palabra “ladrón”. Ladrón es quien hurta o roba. La palabra “ladrón” es más interesante que “robador”. Se puede “ladronear”; los ladrones tienen “ladroneras”, de manera tal que Alí Baba & Co. no irían actualmente a una “cueva”, irían a su “ladronera” (después claro, de haber “vendido” todo en La Cueva…). Continúo: Algo relativo a los ladrones es “ladronesco” y también tenemos a los “ladronzuelos”, que son “rateros” o “granujas”.
El mismo Jesús murió con un “ladrón” a cada lado. No eran robadores, eran ladrones. También ese “insolente sol, como un ladrón entró, por la ventana” nos dice Sabina. De manera que ni hablar. Seguiremos refiriéndonos a los ladrones.
Esta semana me sucedieron un par de cosas que por separado no tienen nada de especial, nada “fuera de lo extraordinario”. Unidas en mi mundo bizarro, por acaso un afán semiótico incipiente y malogrado; o algunas veces, por una rara e inexplicable manía de tratar de unir los puntos que me preceden, desencadenan en lo que escribo y lo que ustedes en este momento leen.
Primero: Miré una película en compañía de un gran amigo. La película esta basada en un libro que aún no leo, “El conde de Montecristo”. En una escena de la película, uno de los personajes se le presenta al futuro “conde” como un “ladrón”. Así, sin más. “Soy ladrón”. No hay un dejo de arrepentimiento. No hay rastros de congoja, de pena, de vergüenza. No. Detrás de la afirmación existe un cierto orgullo. “Soy ladrón”. No hay disimulo. “Soy ladrón”.
Segundo: Experimenté miradas y sonrisas cómplices, furtivas talvez, de personas del género opuesto.
Ahora bien, ¿cómo se pueden unir ambas cosas?
Pues bien, todo se trata de robar. Robar, pROBAR, y compROBAR.
Me encanta sentirme como un ladrón. Un ladrón que roba no dinero, sino miradas, sonrisas, besos. Un ladrón que no roba para repartir a los necesitados, sino un ladrón que roba para sí mismo. Para satisfacer sus necesidades y sus deseos. Un ladrón con un dejo de culpabilidad, pero que no tendría reparo en presentarse como “un ladrón”. Ese soy yo, un renovado “ladrón”. Su seguro servidor.
No soy un Raskólnikov, ni tampoco un Casanova. Soy solamente una persona común y corriente con facilidad para robar. Para robar una sonrisa, para robar la paz y la tranquilidad, para robar un beso. Como dice Sabina:
Puedo ponerme cursi y decir
que tus labios me saben igual que los labios
que beso en mis sueños
…
O tal vez ese viento
que te arranca del aburrimiento
y te deja abrazada a una duda,
en mitad de la calle y desnuda.
…
¿El ladrón del aburrimiento y de la rutina? El ladrón de suspiros. El ladrón de fragancia, que aprovecha cualquier descuido para robar un poco de aroma y recordar en la soledad. ¿Acaso no les robo hasta su tiempo en este preciso momento?
Me llama la atención en la definición que da la RAE a la palabra “robar”. Especialmente el final: …Robar el corazón, el alma.
Esto podría calificar como la tercer cosa que me mueve a escribir estas líneas. Culpable Señor Juez, buscaba su corazón y su alma, no lo pude resistir. Pero no lo logré. No hubo “apoderamiento del bien”. ¿Es tentativa? ¿Me reducen la condena?
Vuelve Sabina:
Y si quieres también
puedo ser tu abogado y tu juez,
tu miedo y tu fe
tu noche y tu día.
¿Podré acaso ser juez y parte? ¿Ser su juez y su parte?
Regreso a “La vida es sueño” de Pedro Calderón de la Barca:
Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Será acaso que la pena que descuento es por ser un ladrón de besos, de sonrisas y por tentativa de robo de corazón? Esperemos el estado más lisonjero a ver que tal nos va.
A continuación comparto con un ustedes algo de Borges, tomado de su “Libro de sueños”
“Chuang Tzu soñó que era una mariposa y no sabía al despertar si era un hombre que había soñado ser una mariposa o una mariposa que ahora soñaba ser un hombre.”
Herbert Allen Giles, Chuang Tzu (1889)
“- Ahora está soñando. ¿Con quién sueña? ¿Lo sabes?
-Nadie lo sabe.
-Sueña contigo. Y si dejara de soñar, ¿qué sería de ti?
-No lo sé.
-Desparecerías. Eres una figura de un sueño. Si se despertara ese rey te apagarías como una vela.”
Lewis Carroll, A través del espejo (1871)
¿Seré acaso un hombre común y corriente que sueña con ser un ladrón, o bien un ladrón que sueña con no serlo? ¿Seré acaso un soñador, o bien un objeto soñado? ¿Dependo de alguien para existir, o bien, soy, solamente soy? ¿Es esto una horrible pesadilla, o bien, el sueño más hermoso?
Robar, pROBAR, y compROBAR. Robe, pruebe y compruebe. ¿Empirismo? ¿Epicureísmo? Basta. ¿Para qué racionalizar o teorizar sobre el asunto? Robemos, probemos, comprobemos. El estado de ánimo se lo agradecerá. Probar es bueno, y comprobar que se hace lo correcto es aún mejor.
Este es un día de alegría, de regocijo, de calma, de paz. Es un día que marca un antes y un después. Es un día largo, es un día vivido, es un día disfrutado.
Es un día que se lo dedico “al milagro de los besos robados, que en el diccionario de mis pecados guardaron su pétalo azul.”
Alguien que roba es un “robador”. ¿Robador? No me gusta mucho. Utilicemos mejor la palabra “ladrón”. Ladrón es quien hurta o roba. La palabra “ladrón” es más interesante que “robador”. Se puede “ladronear”; los ladrones tienen “ladroneras”, de manera tal que Alí Baba & Co. no irían actualmente a una “cueva”, irían a su “ladronera” (después claro, de haber “vendido” todo en La Cueva…). Continúo: Algo relativo a los ladrones es “ladronesco” y también tenemos a los “ladronzuelos”, que son “rateros” o “granujas”.
El mismo Jesús murió con un “ladrón” a cada lado. No eran robadores, eran ladrones. También ese “insolente sol, como un ladrón entró, por la ventana” nos dice Sabina. De manera que ni hablar. Seguiremos refiriéndonos a los ladrones.
Esta semana me sucedieron un par de cosas que por separado no tienen nada de especial, nada “fuera de lo extraordinario”. Unidas en mi mundo bizarro, por acaso un afán semiótico incipiente y malogrado; o algunas veces, por una rara e inexplicable manía de tratar de unir los puntos que me preceden, desencadenan en lo que escribo y lo que ustedes en este momento leen.
Primero: Miré una película en compañía de un gran amigo. La película esta basada en un libro que aún no leo, “El conde de Montecristo”. En una escena de la película, uno de los personajes se le presenta al futuro “conde” como un “ladrón”. Así, sin más. “Soy ladrón”. No hay un dejo de arrepentimiento. No hay rastros de congoja, de pena, de vergüenza. No. Detrás de la afirmación existe un cierto orgullo. “Soy ladrón”. No hay disimulo. “Soy ladrón”.
Segundo: Experimenté miradas y sonrisas cómplices, furtivas talvez, de personas del género opuesto.
Ahora bien, ¿cómo se pueden unir ambas cosas?
Pues bien, todo se trata de robar. Robar, pROBAR, y compROBAR.
Me encanta sentirme como un ladrón. Un ladrón que roba no dinero, sino miradas, sonrisas, besos. Un ladrón que no roba para repartir a los necesitados, sino un ladrón que roba para sí mismo. Para satisfacer sus necesidades y sus deseos. Un ladrón con un dejo de culpabilidad, pero que no tendría reparo en presentarse como “un ladrón”. Ese soy yo, un renovado “ladrón”. Su seguro servidor.
No soy un Raskólnikov, ni tampoco un Casanova. Soy solamente una persona común y corriente con facilidad para robar. Para robar una sonrisa, para robar la paz y la tranquilidad, para robar un beso. Como dice Sabina:
Puedo ponerme cursi y decir
que tus labios me saben igual que los labios
que beso en mis sueños
…
O tal vez ese viento
que te arranca del aburrimiento
y te deja abrazada a una duda,
en mitad de la calle y desnuda.
…
¿El ladrón del aburrimiento y de la rutina? El ladrón de suspiros. El ladrón de fragancia, que aprovecha cualquier descuido para robar un poco de aroma y recordar en la soledad. ¿Acaso no les robo hasta su tiempo en este preciso momento?
Me llama la atención en la definición que da la RAE a la palabra “robar”. Especialmente el final: …Robar el corazón, el alma.
Esto podría calificar como la tercer cosa que me mueve a escribir estas líneas. Culpable Señor Juez, buscaba su corazón y su alma, no lo pude resistir. Pero no lo logré. No hubo “apoderamiento del bien”. ¿Es tentativa? ¿Me reducen la condena?
Vuelve Sabina:
Y si quieres también
puedo ser tu abogado y tu juez,
tu miedo y tu fe
tu noche y tu día.
¿Podré acaso ser juez y parte? ¿Ser su juez y su parte?
Regreso a “La vida es sueño” de Pedro Calderón de la Barca:
Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Será acaso que la pena que descuento es por ser un ladrón de besos, de sonrisas y por tentativa de robo de corazón? Esperemos el estado más lisonjero a ver que tal nos va.
A continuación comparto con un ustedes algo de Borges, tomado de su “Libro de sueños”
“Chuang Tzu soñó que era una mariposa y no sabía al despertar si era un hombre que había soñado ser una mariposa o una mariposa que ahora soñaba ser un hombre.”
Herbert Allen Giles, Chuang Tzu (1889)
“- Ahora está soñando. ¿Con quién sueña? ¿Lo sabes?
-Nadie lo sabe.
-Sueña contigo. Y si dejara de soñar, ¿qué sería de ti?
-No lo sé.
-Desparecerías. Eres una figura de un sueño. Si se despertara ese rey te apagarías como una vela.”
Lewis Carroll, A través del espejo (1871)
¿Seré acaso un hombre común y corriente que sueña con ser un ladrón, o bien un ladrón que sueña con no serlo? ¿Seré acaso un soñador, o bien un objeto soñado? ¿Dependo de alguien para existir, o bien, soy, solamente soy? ¿Es esto una horrible pesadilla, o bien, el sueño más hermoso?
Robar, pROBAR, y compROBAR. Robe, pruebe y compruebe. ¿Empirismo? ¿Epicureísmo? Basta. ¿Para qué racionalizar o teorizar sobre el asunto? Robemos, probemos, comprobemos. El estado de ánimo se lo agradecerá. Probar es bueno, y comprobar que se hace lo correcto es aún mejor.
Este es un día de alegría, de regocijo, de calma, de paz. Es un día que marca un antes y un después. Es un día largo, es un día vivido, es un día disfrutado.
Es un día que se lo dedico “al milagro de los besos robados, que en el diccionario de mis pecados guardaron su pétalo azul.”
lunes, 21 de enero de 2008
De la felicidad.
Cual pianista de “piano bar”, aceptando “solicitudes” de quienes me leen, hoy me aventuro en el mundo de la felicidad. Esto no constituye más que un monólogo del Rubensón al Merlos, así que de antemano le pido disculpas a los terceros que no entiendan las bromas hace un “infeliz” a un gran amigo. ¿No hubiera acaso sido más sencillo pedir algo como “De la amistad”?
Felicidad. Viene del latín felicitas, es un estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien, puede ser, asimismo, una satisfacción, un gusto. El ánimo, ¿qué es el ánimo?, tenemos distintos tipos de “animus”, sin embargo nos dice el diccionario que es el alma o espíritu en cuanto es principio de la actividad humana. El ánimo se nos puede caer, se nos puede levantar, puede ser bueno, o bien, lo puede ser malo. En fin, el ánimo varía.
Con la felicidad tenemos un buen ánimo, tenemos el ánimo arriba, por lo que los insto a que no se predispongan y juntos leamos que puede ser esto de la felicidad. La felicidad va de la mano de la alegría, que es un sentimiento grato y vivo que suele manifestarse con signos exteriores.
Schopenhauer, en un libro llamado “El arte de ser feliz”, nos da máximas de cómo ser felices, de cómo alcanzar la alegría. Sí, es poco común, como el mismo libro lo advierte, que el maestro del pesimismo nos dé este tipo de consejos. Pero bien, Schopenhauer nos cita a Aristóteles diciendo: “El prudente no aspira al placer, sino a la ausencia de dolor ¿No hay que coger rosas porque las espinas pueden pincharnos?” ¿Cuál es el motivo de esa pregunta lanzada por él? ¿Acaso la alegría que nos puede dar una rosa no compensa el efímero dolor del pinchonazo de una espina?
Continúa Schopenhauer en su regla número 36: “El medio más seguro para no volverse infeliz es no desear llegar a ser muy feliz, es decir, poner las exigencias de placer, posesiones, rango, honores etc. a un nivel muy moderado; porque precisamente la aspiración a la felicidad y a la lucha por ella atraen grandes infortunios.” ¿Significa esto que podemos medir la felicidad?
Felicidad, ánimo. El ánimo sube y baja, la felicidad es mayor o menor, ¿no nos suena este discurso un poco falocentrista? Maldito Freud. De la “falocidad” en lugar de la “felicidad”. ¿Será el falo un medio para la felicidad? ¿Será ese el motivo por el cual los estadounidenses le dicen a tan simpático personaje “Mr. Happy”? Escribiré un libro para mujeres que se llame: “¿Cómo alcanzar la felicidad? Consejos de un hombre al sexo opuesto”.
Infeliz. Infelicidad. La infelicidad es la desgracia, la suerte adversa. ¡Suerte! Ahora resulta que la felicidad y la infelicidad se afectan por la suerte, ya sea esta buena o mala. Pero ¿no somos acaso nosotros responsables de nuestra propia suerte?
Savater, en “El valor de elegir” nos cita a Rafael Sánchez Ferlosio diciendo que …la alegría tiene que presentar el certificado médico que acredite de ella “haber dado negativo” tras haber sido sometida a las correspondientes pruebas antidroga, controles antialcohólicos, y profilaxis antivenéreas, o, más precisamente, “anticoncupiscientes”, oficialmente exigidas.
En un libro de Telmo Vargas-Madrigal, titulado “Dejad escoger, un ensayo sobre teoría de decisiones”, el autor afirma lo siguiente: “Pero hemos de tener presente, en todos los casos es verdad que el fin justifica los medios, pues si no es el fin quien lo hace, entonces ¿qué los va a justificar?” Si nuestro fin es ser felices, pues hagamos todo lo necesario para serlo, ¿no?
Se preguntarán ustedes a que vienen tantas citas el día de hoy. Primero, me resulta un poco difícil hablar de la “alegría” pues el animus actual es un poco diferente al que usualmente suelo tener. Segundo, por que no veo nada de malo en así hacerlo.
Ahora sí, la felicidad. La felicidad es un sentimiento abrumador que de alguna u otra forma opaca las imperfecciones que nos rodean, o bien, hace que veamos esas imperfecciones como algo complementario, inherente acaso, a esa felicidad que tenemos. La felicidad la producen cosas simples o complejas, recurrentes o aisladas. La felicidad está en una sonrisa; en la familia; en un tulipán, o bien en quince; está en un amigo; en un buen libro; en buen whisky; en un abrazo; en un aroma; en una comida; en una experiencia bizarra; en un buen chiste; en una buena acción; en un globo; etc. La felicidad está en donde quiera que nosotros la queramos ver. La felicidad está en estas líneas, o bien, en la posibilidad de hacerlas a un lado y buscar algo que realmente nos haga felices. Nosotros determinamos nuestro propio sentimiento de felicidad. Nosotros somos capaces de generar felicidad o infelicidad, tanto en nosotros mismos como en otros. Todo se reduce a una simple elección, a una simple escogencia. ¿Queremos ser felices?
La alegría, la ¡Oda a la Alegría! ¡Quién ha logrado la gran hazaña de ser el amigo de un amigo y quien ha conquistado una dulce mujer, entremezcle su júbilo!
La alegría de disfrutar de la buena lectura, de la buena compañía, de la buena soledad, de la buena bebida y de la buena comida, de las buenas caricias, de los buenos besos, de la buena música… ¡la alegría de disfrutar la Novena Sinfonía de Beethoven, la alegría de escuchar la Oda a la Alegría!
La alegría de saber disfrutar de las cosas que se sabe que lo alegran a uno, y la alegría de no dejarse apabullar por las que uno desconoce. La alegría de saberse un explorador y la alegría de saber que hay un mundo esperándonos. La alegría que viene después de la tristeza, la tristeza de sentirse alegre, el sentirse alegre para olvidar la tristeza, las tristezas que simplemente entristecen así como las alegrías que solamente alegran, y nos alegran para no entristecernos.
Ya para finalizar, retomo nuevamente a Savater, citando a Horacio:
Sólo es feliz aquel que cada día
puede en calma decir: Hoy he vivido.
Que nuble el cielo Júpiter mañana
o lo esclarezca con el sol más vivo,
nunca podrá su mente poderosa
hacer que, lo que fue, ya no haya sido,
ni logrará que no esté ya acabado
lo que colmó el momento fugitivo.
La mera existencia no es sinónimo de vivir, vivamos, disfrutemos, seamos, hagamos. Procuremos que nuestra vida esté llena de momentos fugaces, disfrutemos esos momentos fugaces. Fugaces como las lucecitas de Séneca, que nos pueden llevar al pantano, o bien pueden ser nuestras estrellas. Procuremos alcanzar las estrellas, procuremos el ser estrellas. Seamos felices. Seamos.
Felicidad. Viene del latín felicitas, es un estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien, puede ser, asimismo, una satisfacción, un gusto. El ánimo, ¿qué es el ánimo?, tenemos distintos tipos de “animus”, sin embargo nos dice el diccionario que es el alma o espíritu en cuanto es principio de la actividad humana. El ánimo se nos puede caer, se nos puede levantar, puede ser bueno, o bien, lo puede ser malo. En fin, el ánimo varía.
Con la felicidad tenemos un buen ánimo, tenemos el ánimo arriba, por lo que los insto a que no se predispongan y juntos leamos que puede ser esto de la felicidad. La felicidad va de la mano de la alegría, que es un sentimiento grato y vivo que suele manifestarse con signos exteriores.
Schopenhauer, en un libro llamado “El arte de ser feliz”, nos da máximas de cómo ser felices, de cómo alcanzar la alegría. Sí, es poco común, como el mismo libro lo advierte, que el maestro del pesimismo nos dé este tipo de consejos. Pero bien, Schopenhauer nos cita a Aristóteles diciendo: “El prudente no aspira al placer, sino a la ausencia de dolor ¿No hay que coger rosas porque las espinas pueden pincharnos?” ¿Cuál es el motivo de esa pregunta lanzada por él? ¿Acaso la alegría que nos puede dar una rosa no compensa el efímero dolor del pinchonazo de una espina?
Continúa Schopenhauer en su regla número 36: “El medio más seguro para no volverse infeliz es no desear llegar a ser muy feliz, es decir, poner las exigencias de placer, posesiones, rango, honores etc. a un nivel muy moderado; porque precisamente la aspiración a la felicidad y a la lucha por ella atraen grandes infortunios.” ¿Significa esto que podemos medir la felicidad?
Felicidad, ánimo. El ánimo sube y baja, la felicidad es mayor o menor, ¿no nos suena este discurso un poco falocentrista? Maldito Freud. De la “falocidad” en lugar de la “felicidad”. ¿Será el falo un medio para la felicidad? ¿Será ese el motivo por el cual los estadounidenses le dicen a tan simpático personaje “Mr. Happy”? Escribiré un libro para mujeres que se llame: “¿Cómo alcanzar la felicidad? Consejos de un hombre al sexo opuesto”.
Infeliz. Infelicidad. La infelicidad es la desgracia, la suerte adversa. ¡Suerte! Ahora resulta que la felicidad y la infelicidad se afectan por la suerte, ya sea esta buena o mala. Pero ¿no somos acaso nosotros responsables de nuestra propia suerte?
Savater, en “El valor de elegir” nos cita a Rafael Sánchez Ferlosio diciendo que …la alegría tiene que presentar el certificado médico que acredite de ella “haber dado negativo” tras haber sido sometida a las correspondientes pruebas antidroga, controles antialcohólicos, y profilaxis antivenéreas, o, más precisamente, “anticoncupiscientes”, oficialmente exigidas.
En un libro de Telmo Vargas-Madrigal, titulado “Dejad escoger, un ensayo sobre teoría de decisiones”, el autor afirma lo siguiente: “Pero hemos de tener presente, en todos los casos es verdad que el fin justifica los medios, pues si no es el fin quien lo hace, entonces ¿qué los va a justificar?” Si nuestro fin es ser felices, pues hagamos todo lo necesario para serlo, ¿no?
Se preguntarán ustedes a que vienen tantas citas el día de hoy. Primero, me resulta un poco difícil hablar de la “alegría” pues el animus actual es un poco diferente al que usualmente suelo tener. Segundo, por que no veo nada de malo en así hacerlo.
Ahora sí, la felicidad. La felicidad es un sentimiento abrumador que de alguna u otra forma opaca las imperfecciones que nos rodean, o bien, hace que veamos esas imperfecciones como algo complementario, inherente acaso, a esa felicidad que tenemos. La felicidad la producen cosas simples o complejas, recurrentes o aisladas. La felicidad está en una sonrisa; en la familia; en un tulipán, o bien en quince; está en un amigo; en un buen libro; en buen whisky; en un abrazo; en un aroma; en una comida; en una experiencia bizarra; en un buen chiste; en una buena acción; en un globo; etc. La felicidad está en donde quiera que nosotros la queramos ver. La felicidad está en estas líneas, o bien, en la posibilidad de hacerlas a un lado y buscar algo que realmente nos haga felices. Nosotros determinamos nuestro propio sentimiento de felicidad. Nosotros somos capaces de generar felicidad o infelicidad, tanto en nosotros mismos como en otros. Todo se reduce a una simple elección, a una simple escogencia. ¿Queremos ser felices?
La alegría, la ¡Oda a la Alegría! ¡Quién ha logrado la gran hazaña de ser el amigo de un amigo y quien ha conquistado una dulce mujer, entremezcle su júbilo!
La alegría de disfrutar de la buena lectura, de la buena compañía, de la buena soledad, de la buena bebida y de la buena comida, de las buenas caricias, de los buenos besos, de la buena música… ¡la alegría de disfrutar la Novena Sinfonía de Beethoven, la alegría de escuchar la Oda a la Alegría!
La alegría de saber disfrutar de las cosas que se sabe que lo alegran a uno, y la alegría de no dejarse apabullar por las que uno desconoce. La alegría de saberse un explorador y la alegría de saber que hay un mundo esperándonos. La alegría que viene después de la tristeza, la tristeza de sentirse alegre, el sentirse alegre para olvidar la tristeza, las tristezas que simplemente entristecen así como las alegrías que solamente alegran, y nos alegran para no entristecernos.
Ya para finalizar, retomo nuevamente a Savater, citando a Horacio:
Sólo es feliz aquel que cada día
puede en calma decir: Hoy he vivido.
Que nuble el cielo Júpiter mañana
o lo esclarezca con el sol más vivo,
nunca podrá su mente poderosa
hacer que, lo que fue, ya no haya sido,
ni logrará que no esté ya acabado
lo que colmó el momento fugitivo.
La mera existencia no es sinónimo de vivir, vivamos, disfrutemos, seamos, hagamos. Procuremos que nuestra vida esté llena de momentos fugaces, disfrutemos esos momentos fugaces. Fugaces como las lucecitas de Séneca, que nos pueden llevar al pantano, o bien pueden ser nuestras estrellas. Procuremos alcanzar las estrellas, procuremos el ser estrellas. Seamos felices. Seamos.
lunes, 14 de enero de 2008
De la belleza.
La belleza, nos dice el diccionario de la Real Academia Española, es esa propiedad en las cosas que hace amarlas, infundiendo en nosotros un deleite espiritual. Esta propiedad existe en la naturaleza y en las obras literarias y artísticas.
También tenemos la “bellota”, que no es una mujer “hermosota”, sino un mero fruto. Asimismo tenemos el “bellote”, que no es un hombre “hermosote”, sino un clavo que tiene la cabeza parecida al cascabillo de la bellota.
Algo es bello, algo tiene belleza, pero ¿cómo juzgamos su belleza? ¿a qué llamamos belleza? “Beauty is on the eye of the beholder” dicen por ahí. ¿Cómo juzgan los no videntes? En fin, la belleza es de esos términos que siempre son polémicos, pues usualmente hay criterios encontrados. Podemos, como bien lo apunta la RAE, hablar de la belleza de la naturaleza, y en las obras literarias artísticas.
Para delimitar un poco el alcance de lo que escribo hablaremos de la belleza en la mujer. Pero no en cualquier mujer, hablaremos de tres bellas mujeres producto de tres bellas obras de la literatura. Iniciaremos con una bellaza de la literatura clásica, una de la literatura universal y otra del contemporáneo realismo mágico.
Helena, esposa de Menéalo, rey de Esparta. Su huida con Paris fue la causa de la guerra de Troya.
Paris, es ayudado por Afrodita en agradecimiento por su juicio en el concurso de belleza de las diosas. Pero, ¿de qué discutían las diosas? Tenemos que amar a estos griegos, cuyos dioses eran muchos y muy “humanos”. ¡Discutían por la belleza!
Cuando Eris, la Discordia, no fue invitada a una boda, trajo consigo a la ceremonia una manzana con una inscripción que decía “Para la más hermosa” y la lanzó en medio del festejo. Al instante tres diosas quisieron disputarse aquel verdadero premio de belleza: Hera, Atenea y Afrodita.
Helena, desde niña es víctima de su propia belleza, pues fue raptada por Teseo (para ser recuperada por Cástor y Pólux, sus hermanos gemelos). Como muchos príncipes la codiciaban, Odiseo hizo convenir a todos en que ella debía escoger libremente a su futuro esposo, y todos sus antiguos pretendientes no sólo respetarían la decisión de aquella, sino que se juntarían para defender a su esposo contra todo rival extraño.
La descripción de Helena es muy sencilla, baste decir con que se le conocía como “la mujer más bella del mundo”. ¿Quién se va a oponer a tal afirmación? Continuemos.
“Aquí dio un gran suspiro Don Quijote, y dijo: Yo no podré afirmar si la dulce mi enemiga gusta ó nó de que el mundo sepa que yo la sirvo; solo sé decir, respondiendo a lo que con tanto comedimiento se me pide, que su nombre es Dulcinea, su patria es el Toboso, un lugar de la Mancha, su calidad por lo ménos ha de ser de princesa, pues es reina y señora mía; su hermosura sobrehumana, pues en ella se vienen á hacer verdaderos todos los imposibles y quiméricos atributos de la belleza que los poetas dan á sus damas; que sus cabellos son oro, su frente campos elíseos, sus cejas arcos del cielo, sus ojos soles, sus mejillas rosas, sus labios corales, perlas sus dientes, alabastro su cuello, mármol su pecho, marfil sus manos, su blancura nieve, y las partes que á la vista humana encubrió la honestidad son tales, según yo pienso y entiendo, que sólo la discreta consideración puede encarcelarlas y nó compararlas” Siguiente…
“Florentino Ariza la espiaba maravillado, la perseguía sin aliento, tropezó varias veces con los canastos de la criada que respondió a sus excusas con una sonrisa, y ella le había pasado tan cerca que él alcanzó a percibir la brisa de su olor, y si entonces no lo vio fue porque no pudiera sino por la altivez de su modo de andar. Le parecía tan bella, tan seductora, tan distinta de la gente común, que no entendía por qué nadie se trastornaba como él con las castañuelas de sus tacones en los adoquines de la calle, ni se le desordenaba el corazón con el aire de los suspiros de sus volantes, ni se volvía loco de amor todo el mundo con los vientos de su trenza, el vuelo de sus manos, el oro de su risa. No había perdido un gesto suyo, ni un indicio de su carácter, pero no se atrevía a acercársele por el temor de malograr el encanto.” Y no puedo negar una cuarta…
“Pezón de fresa, lengua de caramelo, corazón de bromuro, supervedette, puta de lujo, modelo, estrella de culebrón”.
¡Mujeres! ¡Tan bellas! Llámese Helena, Dulcinea, Fermina Daza o “Barbi Superestar”, su belleza es tal que nos vuelve locos, de diferentes maneras. Las hay para todos los gustos y preferencias, pero las hay.
¿Acaso puede alguno afirmar que nunca se haya sentido como un Paris, un Don Quijote, un Florentino Ariza? ¿Acaso no somos todos Homeros, Cervantes, Gabos o Sabinas?
Retomo al RAE: … es esa propiedad en las cosas que hace amarlas… La belleza nos hace amarlas.
Amor, amor puro, no una de esas atracciones pasajeras y caprichosas, no ese deseo carnal irreprimible, no, es el más puro de los amores, es ese sentimiento de que un abrazo basta, de que una caricia derrite, de que un beso mata.
Amor puro y simple, amor en su más pura expresión, amor sentido como nunca antes, amor, amor, como del que se cree que no se va a sentir nunca, amor como del que se cree no existe, amor loco, amor incontrolable, amor que no se apaga con el paso del tiempo, antes bien, amor que inicia como una llama y se convierte en una hoguera, amor del que se cree se vive una sola vez, amor del que cree se siente una sola vez, amor que no puede ser ignorado, amor del que se siente orgullo, amor que trasciende el entendimiento y la razón.
Amor ciego, amor sordo, amor mudo, o más bien amor que ciega, que ensordece, que enmudece; que intimida, atemoriza, que pone a dudar.
Todo ese amor inspirado por el solo concepto personal de belleza. Belleza inherente a ese ser que no es normal, no es natural, que sobrepasa el entendimiento. Belleza que se convierte en una especie de origen y de fin, que se convierte en una especie de paradigma que todas solo pueden aspirar a seguir, pero que ninguna realmente podría, solo “ella”.
Belleza que se regenera, se reinventa, que se replantea día a día su propia perfección y que aturde, estremece.
En fin, la belleza, el amor, los sentimientos, ¡qué sé yo! La belleza “es”, simplemente “es”. Aquello que es bello para mí no necesariamente lo será para usted, y viceversa.
Cierro con una cita de don Jacques Sagot que aparece en La Nación (13 de enero del 2008): “Por supuesto en materia de belleza, nadie puede convencer a nadie de nada. Argumentar es estéril, pero hay algo que sí podemos y debemos hacer: dar nuestro testimonio.”
Eso es lo que las líneas anteriores son, no aspiran a nada más. Son. Son mi testimonio. ¿Será un bello testimonio? No lo sé… ¡arrojen sus manzanas!
También tenemos la “bellota”, que no es una mujer “hermosota”, sino un mero fruto. Asimismo tenemos el “bellote”, que no es un hombre “hermosote”, sino un clavo que tiene la cabeza parecida al cascabillo de la bellota.
Algo es bello, algo tiene belleza, pero ¿cómo juzgamos su belleza? ¿a qué llamamos belleza? “Beauty is on the eye of the beholder” dicen por ahí. ¿Cómo juzgan los no videntes? En fin, la belleza es de esos términos que siempre son polémicos, pues usualmente hay criterios encontrados. Podemos, como bien lo apunta la RAE, hablar de la belleza de la naturaleza, y en las obras literarias artísticas.
Para delimitar un poco el alcance de lo que escribo hablaremos de la belleza en la mujer. Pero no en cualquier mujer, hablaremos de tres bellas mujeres producto de tres bellas obras de la literatura. Iniciaremos con una bellaza de la literatura clásica, una de la literatura universal y otra del contemporáneo realismo mágico.
Helena, esposa de Menéalo, rey de Esparta. Su huida con Paris fue la causa de la guerra de Troya.
Paris, es ayudado por Afrodita en agradecimiento por su juicio en el concurso de belleza de las diosas. Pero, ¿de qué discutían las diosas? Tenemos que amar a estos griegos, cuyos dioses eran muchos y muy “humanos”. ¡Discutían por la belleza!
Cuando Eris, la Discordia, no fue invitada a una boda, trajo consigo a la ceremonia una manzana con una inscripción que decía “Para la más hermosa” y la lanzó en medio del festejo. Al instante tres diosas quisieron disputarse aquel verdadero premio de belleza: Hera, Atenea y Afrodita.
Helena, desde niña es víctima de su propia belleza, pues fue raptada por Teseo (para ser recuperada por Cástor y Pólux, sus hermanos gemelos). Como muchos príncipes la codiciaban, Odiseo hizo convenir a todos en que ella debía escoger libremente a su futuro esposo, y todos sus antiguos pretendientes no sólo respetarían la decisión de aquella, sino que se juntarían para defender a su esposo contra todo rival extraño.
La descripción de Helena es muy sencilla, baste decir con que se le conocía como “la mujer más bella del mundo”. ¿Quién se va a oponer a tal afirmación? Continuemos.
“Aquí dio un gran suspiro Don Quijote, y dijo: Yo no podré afirmar si la dulce mi enemiga gusta ó nó de que el mundo sepa que yo la sirvo; solo sé decir, respondiendo a lo que con tanto comedimiento se me pide, que su nombre es Dulcinea, su patria es el Toboso, un lugar de la Mancha, su calidad por lo ménos ha de ser de princesa, pues es reina y señora mía; su hermosura sobrehumana, pues en ella se vienen á hacer verdaderos todos los imposibles y quiméricos atributos de la belleza que los poetas dan á sus damas; que sus cabellos son oro, su frente campos elíseos, sus cejas arcos del cielo, sus ojos soles, sus mejillas rosas, sus labios corales, perlas sus dientes, alabastro su cuello, mármol su pecho, marfil sus manos, su blancura nieve, y las partes que á la vista humana encubrió la honestidad son tales, según yo pienso y entiendo, que sólo la discreta consideración puede encarcelarlas y nó compararlas” Siguiente…
“Florentino Ariza la espiaba maravillado, la perseguía sin aliento, tropezó varias veces con los canastos de la criada que respondió a sus excusas con una sonrisa, y ella le había pasado tan cerca que él alcanzó a percibir la brisa de su olor, y si entonces no lo vio fue porque no pudiera sino por la altivez de su modo de andar. Le parecía tan bella, tan seductora, tan distinta de la gente común, que no entendía por qué nadie se trastornaba como él con las castañuelas de sus tacones en los adoquines de la calle, ni se le desordenaba el corazón con el aire de los suspiros de sus volantes, ni se volvía loco de amor todo el mundo con los vientos de su trenza, el vuelo de sus manos, el oro de su risa. No había perdido un gesto suyo, ni un indicio de su carácter, pero no se atrevía a acercársele por el temor de malograr el encanto.” Y no puedo negar una cuarta…
“Pezón de fresa, lengua de caramelo, corazón de bromuro, supervedette, puta de lujo, modelo, estrella de culebrón”.
¡Mujeres! ¡Tan bellas! Llámese Helena, Dulcinea, Fermina Daza o “Barbi Superestar”, su belleza es tal que nos vuelve locos, de diferentes maneras. Las hay para todos los gustos y preferencias, pero las hay.
¿Acaso puede alguno afirmar que nunca se haya sentido como un Paris, un Don Quijote, un Florentino Ariza? ¿Acaso no somos todos Homeros, Cervantes, Gabos o Sabinas?
Retomo al RAE: … es esa propiedad en las cosas que hace amarlas… La belleza nos hace amarlas.
Amor, amor puro, no una de esas atracciones pasajeras y caprichosas, no ese deseo carnal irreprimible, no, es el más puro de los amores, es ese sentimiento de que un abrazo basta, de que una caricia derrite, de que un beso mata.
Amor puro y simple, amor en su más pura expresión, amor sentido como nunca antes, amor, amor, como del que se cree que no se va a sentir nunca, amor como del que se cree no existe, amor loco, amor incontrolable, amor que no se apaga con el paso del tiempo, antes bien, amor que inicia como una llama y se convierte en una hoguera, amor del que se cree se vive una sola vez, amor del que cree se siente una sola vez, amor que no puede ser ignorado, amor del que se siente orgullo, amor que trasciende el entendimiento y la razón.
Amor ciego, amor sordo, amor mudo, o más bien amor que ciega, que ensordece, que enmudece; que intimida, atemoriza, que pone a dudar.
Todo ese amor inspirado por el solo concepto personal de belleza. Belleza inherente a ese ser que no es normal, no es natural, que sobrepasa el entendimiento. Belleza que se convierte en una especie de origen y de fin, que se convierte en una especie de paradigma que todas solo pueden aspirar a seguir, pero que ninguna realmente podría, solo “ella”.
Belleza que se regenera, se reinventa, que se replantea día a día su propia perfección y que aturde, estremece.
En fin, la belleza, el amor, los sentimientos, ¡qué sé yo! La belleza “es”, simplemente “es”. Aquello que es bello para mí no necesariamente lo será para usted, y viceversa.
Cierro con una cita de don Jacques Sagot que aparece en La Nación (13 de enero del 2008): “Por supuesto en materia de belleza, nadie puede convencer a nadie de nada. Argumentar es estéril, pero hay algo que sí podemos y debemos hacer: dar nuestro testimonio.”
Eso es lo que las líneas anteriores son, no aspiran a nada más. Son. Son mi testimonio. ¿Será un bello testimonio? No lo sé… ¡arrojen sus manzanas!
jueves, 10 de enero de 2008
De la razón de las lágrimas.
Ayer escribí la primera parte de lo que fue una promesa a Gabo. Hoy honro la misma al dedicarme a hablar no de la materialidad de la lágrima, pero sí del motivo que se esconde detrás de la misma.
Como mera función corporal, las lágrimas son un líquido producido por el proceso corporal de la lagrimación para limpiar y lubricar el ojo. Pero nosotros como humanos, como seres pensantes, que además sufrimos y disfrutamos, le hemos dado a las lágrimas diferentes significados, las sufrimos o disfrutamos por diferentes motivos.
Dicen por ahí que las lágrimas son la sangre del alma. La materia no se crea ni se destruye, se transforma. ¿Será acaso que los sentimientos de nosotros tienen cierta materialidad, y como tal, se transforma en algunas ocasiones en una lágrima? No está mal la idea.
Algunas veces hemos llorado porque estamos extremadamente tristes o por el contrario, muy felices. Algunas por un mero dolor físico. Otras porque conducimos muy veloz y nos "lloran los ojos". Algunas veces solo nos sentimos con ganas de llorar; sin ninguna causa aparente. Lloramos, es un hecho.
¿Existen lágrimas falsas y lágrimas verdaderas? Yo creo que sí. Algunas son lágrimas "ingenuas". Esas lágrimas que ves salir de los ojos de una persona, que la persona te dice que está llorando por "x" motivo, y en realidad en el fondo uno sabe que esa persona no sabe porque está llorando. Si, hasta en el llorar se puede ser ingenuo. Me imagino que uno de los muchos estados de la negación.
El llanto del alma. Ese llanto tan doloroso, ese llanto que uno cree que no parará, y que a su vez lo hace a uno preguntarse ¿de dónde sale tanta lágrima? Ese llanto que provoca deshidratación, que provoca susto, que provoca miedo. Ese llanto por un ser querido pasado a mejor vida, por un ser querido que ya talvez no lo es, por un sufrimiento ajeno con el que nos identificamos, etc.
El llanto de la risa. Ese llanto que tenemos de tanto reírnos. Reímos y reímos, el estómago nos duele, no nos podemos sostener de pie, y lloramos, lloramos de reírnos tanto.
El llanto de la felicidad. Ese llanto que surge espontáneamente cuando nos encontramos abrumados de felicidad. Cuando nos vemos en una situación en la que nos sentimos tan pero tan dichosos que simplemente la única salida es llorar. Llorar de la felicidad, ¡qué sentimiento más hermoso!
El llanto de la admiración. Muy similar al anterior, pero no idéntico. Este lo he sentido pocas veces. Lo experimenté en la Capilla Sixtina, por ejemplo. Tanta belleza en un solo lugar. Tanta historia, tantas cosas magnificas. Llanto de la admiración, eso es. Es el llanto que experimentamos cuando la perfección se materializa en algo tangible, en un David, en una Victoria de Samotracia, en una Venus de Milo. Admiración.
El llanto post coital. El "coito" genera diferentes reacciones en uno. Una es el hambre, de la que he hablado en alguna ocasión anterior. Otra es el llanto. Es cuando se da esa conexión que trasciende la experiencia carnal y lo deja a uno sin palabras, sin aliento, sin creencia alguna más que en el cuerpo de una mujer (en mi caso). No queda más que llorar.
Llanto, lágrima, llorar. Sentir, sufrir, disfrutar, aprender. Compartir, contar, vivir, experimentar.
En "El Aleph", específicamente en "El inmortal", mi querido Borges, hacia el final dice:
(...)
En las afueras vi un caudal de agua clara; la probé, movido por la costumbre. Al repechar la margen, un árbol espinoso me laceró el dorso de la mano. El inusitado dolor me pareció muy vivo. Incrédulo, silencioso y feliz, contemplé la preciosa formación de una lenta gota de sangre. De nuevo soy mortal, me repetí, de nuevo me parezco a todos los hombres. Esa noche, dormí hasta el amanecer.
(...)
¿Acaso no podríamos pensar que sucede lo mismo con una lágrima?
Machado nos dice: "Cuando nos vimos por primera vez, no hicimos sino recordarnos. Aunque te parezca absurdo, yo he llorado cuando tuve conciencia de mi amor hacia ti, por no haberte querido toda la vida."
En el mismo texto de Borges, al inicio se lee:
"Solomon saith: There is no new thing upon the earth. So that as Plato had an imagination, that all knowledge was but remembrance; so Solomon given his sentence, that all novelty is but oblivion. " Francis Bacon, Essays, LVIII
Algunas veces olvidamos lo hermoso que es llorar. ¿Quieren llorar conmigo?
Como mera función corporal, las lágrimas son un líquido producido por el proceso corporal de la lagrimación para limpiar y lubricar el ojo. Pero nosotros como humanos, como seres pensantes, que además sufrimos y disfrutamos, le hemos dado a las lágrimas diferentes significados, las sufrimos o disfrutamos por diferentes motivos.
Dicen por ahí que las lágrimas son la sangre del alma. La materia no se crea ni se destruye, se transforma. ¿Será acaso que los sentimientos de nosotros tienen cierta materialidad, y como tal, se transforma en algunas ocasiones en una lágrima? No está mal la idea.
Algunas veces hemos llorado porque estamos extremadamente tristes o por el contrario, muy felices. Algunas por un mero dolor físico. Otras porque conducimos muy veloz y nos "lloran los ojos". Algunas veces solo nos sentimos con ganas de llorar; sin ninguna causa aparente. Lloramos, es un hecho.
¿Existen lágrimas falsas y lágrimas verdaderas? Yo creo que sí. Algunas son lágrimas "ingenuas". Esas lágrimas que ves salir de los ojos de una persona, que la persona te dice que está llorando por "x" motivo, y en realidad en el fondo uno sabe que esa persona no sabe porque está llorando. Si, hasta en el llorar se puede ser ingenuo. Me imagino que uno de los muchos estados de la negación.
El llanto del alma. Ese llanto tan doloroso, ese llanto que uno cree que no parará, y que a su vez lo hace a uno preguntarse ¿de dónde sale tanta lágrima? Ese llanto que provoca deshidratación, que provoca susto, que provoca miedo. Ese llanto por un ser querido pasado a mejor vida, por un ser querido que ya talvez no lo es, por un sufrimiento ajeno con el que nos identificamos, etc.
El llanto de la risa. Ese llanto que tenemos de tanto reírnos. Reímos y reímos, el estómago nos duele, no nos podemos sostener de pie, y lloramos, lloramos de reírnos tanto.
El llanto de la felicidad. Ese llanto que surge espontáneamente cuando nos encontramos abrumados de felicidad. Cuando nos vemos en una situación en la que nos sentimos tan pero tan dichosos que simplemente la única salida es llorar. Llorar de la felicidad, ¡qué sentimiento más hermoso!
El llanto de la admiración. Muy similar al anterior, pero no idéntico. Este lo he sentido pocas veces. Lo experimenté en la Capilla Sixtina, por ejemplo. Tanta belleza en un solo lugar. Tanta historia, tantas cosas magnificas. Llanto de la admiración, eso es. Es el llanto que experimentamos cuando la perfección se materializa en algo tangible, en un David, en una Victoria de Samotracia, en una Venus de Milo. Admiración.
El llanto post coital. El "coito" genera diferentes reacciones en uno. Una es el hambre, de la que he hablado en alguna ocasión anterior. Otra es el llanto. Es cuando se da esa conexión que trasciende la experiencia carnal y lo deja a uno sin palabras, sin aliento, sin creencia alguna más que en el cuerpo de una mujer (en mi caso). No queda más que llorar.
Llanto, lágrima, llorar. Sentir, sufrir, disfrutar, aprender. Compartir, contar, vivir, experimentar.
En "El Aleph", específicamente en "El inmortal", mi querido Borges, hacia el final dice:
(...)
En las afueras vi un caudal de agua clara; la probé, movido por la costumbre. Al repechar la margen, un árbol espinoso me laceró el dorso de la mano. El inusitado dolor me pareció muy vivo. Incrédulo, silencioso y feliz, contemplé la preciosa formación de una lenta gota de sangre. De nuevo soy mortal, me repetí, de nuevo me parezco a todos los hombres. Esa noche, dormí hasta el amanecer.
(...)
¿Acaso no podríamos pensar que sucede lo mismo con una lágrima?
Machado nos dice: "Cuando nos vimos por primera vez, no hicimos sino recordarnos. Aunque te parezca absurdo, yo he llorado cuando tuve conciencia de mi amor hacia ti, por no haberte querido toda la vida."
En el mismo texto de Borges, al inicio se lee:
"Solomon saith: There is no new thing upon the earth. So that as Plato had an imagination, that all knowledge was but remembrance; so Solomon given his sentence, that all novelty is but oblivion. " Francis Bacon, Essays, LVIII
Algunas veces olvidamos lo hermoso que es llorar. ¿Quieren llorar conmigo?
miércoles, 9 de enero de 2008
De las lágrimas.
Hace algunos días discutía con un amigo (de manera virtual) el asunto de las lágrimas. En realidad no fue una "discusión" per se, antes bien fue un rápido intercambio de impresiones. Decía mi amigo: "...quién se atreve a cuestionar la materialidad de una lágrima?"
En ese momento lo que respondí fue: "Yo no me atrevo a cuestionar la materialidad de una lágrima, pero si cuestiono usualmente el motivo detrás de la misma.". Dije lo mismo con la promesa de abordar el tema mas a fondo, y en este momento honro aquella por este medio.
Lágrima, viene del latín lacrima. Yo en lo personal me lo esperaba con una "e" al final, i.e., "lacrimae". Se ves mas latinizado ¿no? Que tal "lacrimun"? ¡O en griego... "lacrimostos"! Bueno, dejando el origen de la palabra a un lado, el diccionario nos dice que una lágrima es "cada una de las gotas que segrega la glándula lagrimal". ¡Qué manera mas singracia de minimizar lo que una lágrima es y todo lo que puede llegar a representar!
Luego de eso la materializan aun más y dicen que puede ser un objeto en forma de gota, especialmente cada uno de los adornos de cristal que penden de ciertas lámparas.
Hay lágrimas de lágrimas... veamos algunos ejemplos:
De Batavia o de Holanda: NUNCA las había escuchado, y sinceramente, puedo vivir sin ellas. De Holanda me quedo con Van Gogh y con sus hermosos tulipanes, que si bien es cierto no son originarios de ahí, ellos los lanzaron al estrellato.
Las de cocodrilo: Las que vierte alguien aparentando un dolor que no siente. Pobres cocodrilos, ¿será que ellos no pueden llorar?. De estas lágrimas he visto muchas, no me gustan, no las disfruto (sí, algunas lágrimas se disfrutan).
Las de personajes famosos: de David, de Job, de Moisés, de San Pedro... ¡las de San Pedro! Prefiero sus llaves a sus lágrimas. Me imagino con sus llaves negándole la entrada a quien quiera ingresar en ese club privado de gente formal, como diría Sabina. "Nos reservamos el derecho de admisión". ¡No heaven for you! diría el "Soup Nazi" de Seinfeld.
Alguien se puede deshacer en lágrimas, así como también deshacerse en disculpas. Asumo que si el deshacerse de la segunda forma no resultó, pues bien, siempre queda la opción uno, y llorará copiosa y amargamente (¡Llorarás! ¡Llorarás! ¡Llorarás! ¡Llorarás! diría Oscar de León, el Diablo de la Salsa jajajajajaja).
Dependiendo de lo que se sienta en algún momento dado o de lo que se sienta con respecto a alguien, se puede "llorar alguien a lágrima viva", o bien, "llorar lágrimas de sangre".
Podemos ser "paños de lágrimas" o bien, buscarlos. Después de todo en este gran valle de lágrimas, ¿quien no ha derramado una?
Tenemos las lágrimas negras de Bebo Valdés & Diego "El Cigala", o las lágrimas Sabineras: "tu risa es una lágrima equivocada", las de "plástico azul", tenemos fulanos que no tienen la "lágrima fácil" o la "lágrima en el fondo del río de los desesperados". También nos dice que "moja una lágrima antiguas fotos". Pero después de todo, "el sol es una lágrima en un ojo que no sabe llorar".
En fin, lágrimas van, y vienen; las padecemos, las sufrimos, las disfrutamos. Algunas nos definen, otras nos estorban. Lágrimas más, lágrimas menos seguimos siendo quienes somos, en esta coordenada espacio temporal "nos sabemos", y por tener conciencia de quienes somos, puede que no nos importe el llorar.
Cierro con la parte final de "La Hilandera", escrito por Andrés Eloy Blanco:
...
Y ella le quitó la venda
y la Hilandera lloraba
y se estuvieron mirando
por el cristal de las lágrimas
y el amor, entre sus ojos,
hilaba...
¡Salgamos, busquemos, hilemos y disfrutemos!
En ese momento lo que respondí fue: "Yo no me atrevo a cuestionar la materialidad de una lágrima, pero si cuestiono usualmente el motivo detrás de la misma.". Dije lo mismo con la promesa de abordar el tema mas a fondo, y en este momento honro aquella por este medio.
Lágrima, viene del latín lacrima. Yo en lo personal me lo esperaba con una "e" al final, i.e., "lacrimae". Se ves mas latinizado ¿no? Que tal "lacrimun"? ¡O en griego... "lacrimostos"! Bueno, dejando el origen de la palabra a un lado, el diccionario nos dice que una lágrima es "cada una de las gotas que segrega la glándula lagrimal". ¡Qué manera mas singracia de minimizar lo que una lágrima es y todo lo que puede llegar a representar!
Luego de eso la materializan aun más y dicen que puede ser un objeto en forma de gota, especialmente cada uno de los adornos de cristal que penden de ciertas lámparas.
Hay lágrimas de lágrimas... veamos algunos ejemplos:
De Batavia o de Holanda: NUNCA las había escuchado, y sinceramente, puedo vivir sin ellas. De Holanda me quedo con Van Gogh y con sus hermosos tulipanes, que si bien es cierto no son originarios de ahí, ellos los lanzaron al estrellato.
Las de cocodrilo: Las que vierte alguien aparentando un dolor que no siente. Pobres cocodrilos, ¿será que ellos no pueden llorar?. De estas lágrimas he visto muchas, no me gustan, no las disfruto (sí, algunas lágrimas se disfrutan).
Las de personajes famosos: de David, de Job, de Moisés, de San Pedro... ¡las de San Pedro! Prefiero sus llaves a sus lágrimas. Me imagino con sus llaves negándole la entrada a quien quiera ingresar en ese club privado de gente formal, como diría Sabina. "Nos reservamos el derecho de admisión". ¡No heaven for you! diría el "Soup Nazi" de Seinfeld.
Alguien se puede deshacer en lágrimas, así como también deshacerse en disculpas. Asumo que si el deshacerse de la segunda forma no resultó, pues bien, siempre queda la opción uno, y llorará copiosa y amargamente (¡Llorarás! ¡Llorarás! ¡Llorarás! ¡Llorarás! diría Oscar de León, el Diablo de la Salsa jajajajajaja).
Dependiendo de lo que se sienta en algún momento dado o de lo que se sienta con respecto a alguien, se puede "llorar alguien a lágrima viva", o bien, "llorar lágrimas de sangre".
Podemos ser "paños de lágrimas" o bien, buscarlos. Después de todo en este gran valle de lágrimas, ¿quien no ha derramado una?
Tenemos las lágrimas negras de Bebo Valdés & Diego "El Cigala", o las lágrimas Sabineras: "tu risa es una lágrima equivocada", las de "plástico azul", tenemos fulanos que no tienen la "lágrima fácil" o la "lágrima en el fondo del río de los desesperados". También nos dice que "moja una lágrima antiguas fotos". Pero después de todo, "el sol es una lágrima en un ojo que no sabe llorar".
En fin, lágrimas van, y vienen; las padecemos, las sufrimos, las disfrutamos. Algunas nos definen, otras nos estorban. Lágrimas más, lágrimas menos seguimos siendo quienes somos, en esta coordenada espacio temporal "nos sabemos", y por tener conciencia de quienes somos, puede que no nos importe el llorar.
Cierro con la parte final de "La Hilandera", escrito por Andrés Eloy Blanco:
...
Y ella le quitó la venda
y la Hilandera lloraba
y se estuvieron mirando
por el cristal de las lágrimas
y el amor, entre sus ojos,
hilaba...
¡Salgamos, busquemos, hilemos y disfrutemos!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)